Un momento para ti. Olvidar el placer inmediato y celebrar el amor al propio cuerpo, disfrutar de un encuentro erótico contigo, a solas.
UN MOMENTO PARA TI
Planificamos los días, las tareas, los eventos, los menús y, en ocasiones, hasta los encuentros eróticos. Pero cuando planificamos éstos es para ambientar momentos especiales compartidos, rara vez se hace sin un motivo concreto, y mucho menos para disfrutar en solitario.
El erotismo espontáneo, que surge sin ser llamado ni buscado, nos proporciona una descarga intensa. Pero a diferencia de lo que no esperamos, cuando ese erotismo se trabaja, se pone atención a los detalles, se crea la atmósfera incluso antes de entrar en materia. El deseo se ve alimentado y nos predispone a disfrutar desde el primer pensamiento. Basta una palabra, una insinuación, un olor, un tacto, para transportar nuestra mente a otro plano.
DELÉITATE A SOLAS
Cuando ese erotismo es compartido, espontáneo o planificado, sentimos cierta necesidad de realizar determinadas cosas. Bien porque es lo que nos pide el cuerpo cuando estamos con otra persona, bien porque atendemos los deseos ajenos. Damos pasos que, en el momento que pensamos en disfrutarnos a solas, no ejecutamos.
Porque el masturbarnos cae muchas veces en algo mecánico, en resolver una sensación de excitación o un momento ocioso; no contemplamos hacer preparativos más allá de elegir si emplearemos algún estimulador del orgasmo, un vibrador, o lo haremos completamente a mano.
¿Qué pasaría si, en lugar de tener sexo con nosotres mismes, nos hiciéramos el amor?
HÁZTE EL AMOR
Es una forma que, más allá de proporcionarnos placer sexual, puede ayudarnos a reconectar con quienes somos. Aplicar una fragancia en las sábanas antes de empezar y dejarse embriagar por el suave aroma. Dejar fluir los pensamientos y pasear con los dedos por todo el cuerpo, acariciarlo, reconocerlo, aprenderlo, quererlo…
Atender aquellas partes que solemos olvidar en el autoerotismo y dejamos su estimulación y reconocimiento sólo a manos y labios de nuestros amantes. Acaricia tu cuello, los hombros, el abdomen, los muslos, deja para más tarde las zonas más erógenas como pecho y genitales. Hazte el amor y disfruta de ese cariño que te profesas (o deberías), respira profundo y deja que el momento te inspire.
Cómo sigas ese encuentro íntimo es decisión tuya, pero no te límites y piensa que, aunque estés a solas, puedes disfrutar de un aceite de masaje o unas velas.
El sexo pasional, espontáneo, visceral incluso, es magnífico, pero de vez en cuanto tampoco viene mal guardarte un momento de verdadera intimidad erótica donde tú seas protagonista; móntate tu propia película y disfruta de cada escena.

Deja una respuesta