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En el trabajo – Relato erótico

7 de enero de 2026 Por Gwen Deja un comentario

   Tiempo de lectura 2 minutos

relato erótico en el trabajo

En el trabajo, el día de vuelta de las vacaciones siempre es duro, el tiempo de descanso pasa demasiado deprisa y apenas te da tiempo a darte cuenta de que las has empezado que ya tienes que regresar.

Pero, a veces, hay alicientes en la oficina que te hacen más llevadera la vuelta. Como una compañera encantadora con la que, inocentemente, llevas tonteando meses, pero ninguna de las dos se decide por dar el paso.

DE VUELTA EN EL TRABAJO

Mis vacaciones resultaron ser, además de escasas, poco emocionantes, así que cuando preparaba las cosas para el trabajo por la mañana, me vino a la mente qué podría hacer para que la navidad no terminara sin haber vivido alguna experiencia interesante. De pronto me vino una imagen a la cabeza, Lana entrando por la puerta con su amplia sonrisa deseando buenos días.

¿Y si esa aventura la vivía con ella? Este juego eterno de provocaciones me tenía agotada, necesitaba que acabara o que pasáramos a la acción, preferiblemente lo segundo.

Ya en la oficina comencé a ponerme al día, aunque lo que realmente hacía era hacer tiempo hasta que llegara Lana para poder mostrar mis cartas de una vez. Si me rechazaba no pasaría nada, unos días de vergüenza y se acabó, pero si funcionaba… ¡podría ser increíble! Y ser un gran cierre para esta navidad insípida.

LANA EN EL TRABAJO

Apenas un pie pisaba la oficina y su energía se notaba en el ambiente. Era una buena profesional, y mejor compañera, pero ahora no podía dejar de imaginármela contra la fotocopiadora con las bragas por los tobillos y la falda enrollada en la cintura.

Nada más dejó el bolso en la mesa la agarré de la mano y me la llevé al almacén. Allí me abrazó, dándome la bienvenida tras los días sin vernos, y mi cuerpo ansiaba más aquella imagen que ahora hacía palpitar mi entrepierna.

«Escucha, Lana, voy a ir al grano o no lo diré jamás: me pones», le dije. Su cara reflejaba bloqueo, como si esperara quedarse tan quieta que dejara de percibir su presencia. Cuando abrí la boca para disculparme por las formas, sus labios me frenaron y con sus manos en mi cintura se enredó con mi lengua.

Jamás pensé que reaccionara así, y no sabía qué era mayor, si el pánico o la excitación. Me decanté por la última, ya vería más tarde si tendría que buscarme otro trabajo o directamente mudarme para huir de la vergüenza de mi atrevimiento.

ASÍ DA GUSTO IR A TRABAJAR

Lana se acercó a la puerta y echó el cerrojo. «Total, hasta mañana no hay nadie en el trabajo que necesite entrar aquí» dijo, mientras se acercaba de nuevo a mí y se desabrochaba la camisa. Llevé mi boca directa a su pecho, quitándole el sujetador para descubrir unos preciosos pezones oscuros que no tardé en mordisquear.

Sus manos se colaban bajo mi camiseta y yo alcanzaba la goma de sus bragas por debajo de la falda. Me veía desde fuera de mi propio cuerpo y no terminaba de creerme lo que estaba pasando. Nunca me habían atraído las mujeres, pero ella tenía algo que era superior a mis fuerzas, un magnetismo inmensamente fuerte que me hacía desear perderme entre sus piernas.

La coloqué contra la fotocopiadora, porque las fantasías están para cumplirlas, hice que se inclinara hacia delante, bajé sus bragas, enrollé su falda en la cintura y hundí mi cara entre sus nalgas. Mis dedos acompañaban a mi lengua, llegando donde no podía ésta, haciendo que Lana se estremeciera con cada roce, cada penetración por cualquiera de sus orificios. Y yo me deshacía por los muslos mientras bebía su esencia más erótica. Agarré su culo con fuerza y la devoré como si me fuera la vida en ello, notando cómo sus manos luchaban por asirse a la fotocopiadora para no perder el equilibro, y sus gemidos se volvían intensos.

El orgasmo la sobrevino haciéndola casi convulsionar. Me incorporé y, aún con sus fluidos en la boca, me besó con fiereza, recogiendo cada gota que resbalaba por mi cara.

El intento de alguien de entrar en el almacén nos sacó de nuestro paraíso inesperado. La aventura con Lana sería un gran cierre de navidad, pero no se quedaría aquí, aún había días hasta el verano.

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Publicado en: Relatos eróticos Etiquetado como: Erotismo, Explorar

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Hola, soy Gwen

Soy divulgadora sexual, sextoy reviewer, sex coach, escritora, correctora, editora y lo que haga falta. Apasionada del mundo de la sexualidad, escribo sobre productos eróticos, curiosidades y reflexiono sobre sexo, feminismo, trabajo sexual y libertad. Masoquista emocional. El humor no es una opción, es una necesidad. ¿Te cuento más?

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