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10 de abril de 2019

Placer entre papel - Relato erótico

relato erótico
Foto de Christa Dodoo en Unsplash.

Cada persona tiene sus habilidades, y entre las mías está el saber organizar. Habilidad que, en alguna ocasión había reconocido como vicio delante de Toni.

Fue eso lo que le llevó a pedirme que le ayudara a poner orden a sus papeles tras su última mudanza. Y ahí estábamos, él frustrado entre tanto caos, y yo disfrutando de apilar papeles por tipos y años. Entre los papeles encontré una hoja con varias anotaciones a mano, con horarios, fechas y escrito en cursiva “masajes eroticos Barcelona”.

Me desconcertó, ¿por qué habría apuntado eso? ¿Era tan importante como para guardarlo? ¿Habría acudido a algún masaje erótico cuando estuvo ese año en Barcelona…? Mil preguntas se volcaban en mi mente, incrementando mi curiosidad e, innegablemente, el morbo. ¿Si le preguntara, me diría la verdad? Decidí arriesgarme, por la gran confianza que nos une.

- Toni, ¿esto es importante? –le dije pasándole el papel.

- Eh…esto… -rió nervioso- ¿quieres saber la verdad?

- ¡Claro! Ya sabes, para ayudarte bien, necesito saber algunos detalles –dije con tono pícaro.

- Pues verás, fue el año que estuve en la empresa aquella de la costa. Trabajaba mil horas y no tenía nada de vida social, no digamos ya contacto erótico. Un día me dio por buscar algo de atención y bueno, me lancé a la experiencia…

Siguió relatándome aquella tarde, entre vergüenza y excitación por el recuerdo. Y yo, que no soy de piedra, iba poniéndome en situación, imaginando cada escena que él describía. Las manos de la masajista resbalando por su piel lubricada con aceite, la paz del lugar, el calor humano… Olvidé por completo los papeles y ya sólo podía pensar en ese masaje que describía, en mi entrepierna despertando, mis pezones sobresaliendo, y la voz de Toni en su relato, suave, armónica, sensual. Estaba tan excitada que no pude evitar llevar las manos a mi pecho, acariciándolo sin dejar de escucharle.

Toni se calló por un momento, expectante. Levanté mi camiseta y acaricié mis pezones con suavidad, sin dejar de mirarle. Como si hubiera perdido el control de mi cuerpo y la lujuria hubiera tomado el mando, sólo obedecía a los impulsos que mi excitación ejercía. Toni prosiguió su historia, ahora con la voz algo nerviosa pero mucho más excitada.

Llevé una mano hacia el ombligo, y cuando Toni fijó la vista en él, metí la mano dentro del pantalón, deslizando los dedos entre los labios de mi lubricada vulva, recorriendo cada rincón y rozando el clítoris con suavidad, provocando un ligero espasmo que enmudeció a Toni.

- No, no pares. Yo no quiero hacerlo…

Toni se lamió los labios y llevó la mano a su notable erección, acariciándola sobre la ropa. Continuaba recreándose en el recuerdo mientras mis dedos se movían con mayor intensidad, cada vez más húmedos haciendo círculos sobre el clítoris. Arqueaba la espalda imaginando, ahora, a Toni entrando en mí con la calma y sensualidad con la que sus labios daban forma a cada palabra. 

Con la respiración cada vez más agitada me acercaba al clímax, sin dejar de mirarle, sin dejar de masturbarme, sin dejar de imaginarle dentro de mí, penetrándome lento y duro. Un fuerte orgasmo me recorrió cada nervio, y mi boca sólo fue capaz de decir una palabra.

- Fóllame…

1 comentario:

  1. Precisamente hoy que no testeas ningún aparatejo de esos en los que un contrapeso da vueltas sobre un eje excéntrico, me muero de ganas de preguntarte cómo nadie de las sex-shops importa ese Ferrari de los orgasmos llamado Sybian.
    Hay unos vídeos por ahí....

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