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20 de junio de 2018

¿Grabamos una porno?

Mamanoleas

¿Quién no se ha imaginado alguna vez protagonizando su propia película porno, aunque rápidamente se le borrara la idea de la cabeza? 

Creo que forma parte de esa curiosidad innata en el ser humano. Otra cosa es que finalmente la propuesta quede en el aire y nunca se materialice, que pasa innumerables veces con multitud de fantasías. Pero la curiosidad de verse en situación erótica, compartiendo un momento -o hacerlo a solas-, observar cómo actuamos cuando la excitación se apodera de nuestro cuerpo, descubrir cómo se ven nuestros movimientos... No sé si te pasa como a mí, que cuando veo vídeos en los que aparezco y/o hablo, aprecio otra versión de mí misma, la que otros pueden ver a simple vista, y me deja analizar cómo modulo la voz, las caras que pongo, cómo gesticulo con las manos compulsivamente cuando estoy nerviosa, cómo se me traba la voz... 

Cuando el vídeo inmortaliza un encuentro erótico los puntos de referencia cambian, me intriga más si esa postura que yo considero tan morbosa resulta ser un error estético, si mi voz se relaja de verdad emitiendo gemidos sin tener presente la presencia de una cámara, cómo suena mi cuerpo, cómo lo hace contra el de otra persona, si arqueo la espalda o encojo los pies; multitud de detalles que a veces más que re-excitarte, te hacer reír y morirte de vergüenza a partes iguales.

¿Grabamos una porno?


Hace unos meses María de Ars Eroticas compartía un vídeo dándonos algunos consejos para crear en casa el porno que realmente queremos ver, y desde que lo vi tenía en mente contarte una de mis experiencias haciendo guarradas ante una cámara, la primera vez que compartía plano con alguien, de hecho.

Año y medio atrás estuve con Mei en un hotel, nos acabábamos de poner tacto al fin tras meses de conversaciones a distancia, y la pasión y el sexo por toda la habitación era la mejor manera de resarcirse. En una de esas, follando sobre la cama (por una vez) estando yo cabalgándole, dijo que daría lo que fuera por ver la escena desde atrás.

No me hizo falta más impulso. Había llevado el trípode por eso de que pudieran surgir algunas fotos -sí, soy una pervertida-; lo monté, coloqué el móvil, busqué el plano amplio hacia la cama y le dí a grabar. En los segundos que tardé en llegar a la cama pensé en el morbo de grabarnos, en la excitación de vernos después, en la seguridad de que la grabación fuera a ser en mi móvil -por eso de mi código ético-, en la vergüenza que me daban algunos planos de mi cuerpo; al tocar la cama con la rodilla sólo podía verle a él, tendido en la cama llamándome con los dedos, esperándome, todo lo demás se evaporó y me dispuse a ser la protagonista de mi propia porno.

Mamanoleas

Y es que ya empezaba fuerte, subiendo a la cama desde los pies, el plano de mi culo a cuatro patas y un gesto que hace intuir la mamada que me marco. Un giro de cuello que hace volar mi coleta de un lado al otro a la vez que mi culo se mueve levemente para seguir con la mamada, fue una de esas cosas que en el momento pasan desapercibidas, pero al verlas le descubres la erótica, con el incentivo de ser totalmente espontáneas. En ese vídeo poco postureo hay, consigo que me importe tres mierdas que haya una cámara grabando, que se me marque una lorza, dos o siete, que la celulitis se acentúe cuando aprieto el culo contra su cuerpo, que mis brazos sujetos a la espalda por las manos de Mei me parezcan más gordos, que de la follada que le meto la cama ya ha hecho varios quejidos, que se oiga o no en el vídeo lo que hablamos entre gemidos y embestidas... Se me olvida el mundo y sólo existe ese polvo.

El vídeo dura la friolera de 45 minutos. 'Santa follada', pensarás. Aunque no son literalmente 45 minutos de cabalgar al trote (también hubo paseo), hubo momentos de abrazarnos, de masturbarnos, de parar y descansar entre caricias, de querer estallar en un sonoro orgasmo. Y lo cierto es que ninguno de los dos nos corrimos en esos 45 minutos, por más que estuvimos cerca en varias ocasiones, pero no lo echamos en falta. Nos olvidamos de la cámara, de los complejos, de las metas y nos limitamos a disfrutar el momento como éste se iba desarrollando.

Vimos el vídeo a saltos; los gemidos que se oían lo hacían bajito -más por distancia y calidad del equipo que por ser fiel a la realidad-, comentamos el detalle de la coleta morbosa, que ojalá hubiéramos podido variar el plano, sus azotes, sus manos agarrando y separando mis nalgas, mi espalda curvándose, sus pies doblándose, mis uñas arañándole los muslos, mi cuerpo follando al suyo, su pelvis golpeando enérgicamente contra mí aprovechando que me inclinaba hacia sus labios... Había que ser de piedra para no acabar poniéndose cachondos de nuevo al ver 'el otro lado'.

Guardé el vídeo a buen recaudo, y alguna vez he vuelto a verlo recordando aquella noche -la cita de cuatro días íntegra- y, observándome cabalgar, gemir y haciendo disfrutar, he acabado excitada y casi tan mojada como en esa escena, ¿quizá el culmen de una vanidad egocéntrica? Es posible. Aunque como buena crítica ver los defectos es inevitable, pero joder, son tan bellos y morbosos incluso esos defectos...


Entiendo que no es algo para todo el mundo, y ni mucho menos para hacer con cualquiera, la confianza es imprescindible y no siempre te fías de alguien para algo tan delicado por más que te haya visto orgasmar en mil posturas, se debe pactar antes de sacar la cámara -incluso antes de sugerir ¿grabamos una porno?- qué pasará con ese vídeo tras grabarlo, y llegar a un consenso. Es imprescindible respetar a la otra persona, sus derechos y su privacidad; en esto me da igual si compartes plano o si te lo ha mandado para excitarte, te lo mandó a TI (o lo grabó contigo) porque pensó en que respetarías sus deseos, no lo divulgues sin permiso; pues no sólo es una putada y una falta de respeto, si no un DELITO.

Si las cosas están claras, y todas las personas que vayan a participar están de acuerdo, pon la cámara a grabar, desinhíbete, no pienses y déjate llevar, huye de acrobacias o gestos forzados, de gemidos falsos o frases sobreactuadas, deja los postureos para los pies en la playa, porque lo realmente excitante es verse como se es, lo que se crea con la otra persona, sin nada que nos limite, fluir entre la excitación, la curiosidad, la pasión, la complicidad... Disfrútate, y vuelve a disfrútate después viéndote, y si se tercia y las ganas aprietan, disfrútate de nuevo...

Hice una pequeña encuesta en Twitter sobre la experiencia , aquí tienes los resultados:

Dime, ¿tú has grabado algún vídeo porno, has pensado en hacerlo, te da morbo la idea, has visto porno amateur alguna vez, prefieres cuando el vídeo lo interpretan personas que no responden al estereotipo, te ha servido mi experiencia para planteártelo, si lo has grabado (o lo harías) lo has borrado tras grabarlo, lo has guardado o te las liado la manta a la cabeza y lo has publicado en internet...? Cuéntamelo en los comentarios... 

6 comentarios:

  1. La verdad es que un vídeo porno...no. Pero es excitante grabar la relación con tu pareja y verla después juntos. Toda una magnífica experiencia.
    Excelente post, y siempre de acuerdo con María. Es un crack
    Besitos.

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    1. Porno como concepto generalizado. Que lo de 'porno' parece que implica ángulos imposibles y cero disfrute propio; lo que se trata es de poder volver a disfrutar de esa relación sexual ;)

      Besotes.

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  2. Gracias!

    Me hs encantado lo comparto para mañana empezar el Lunes;)

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  3. ¡Uy! Reconozco que tiene que dar su morbillo o morbazo, pero una es muy vergonzosa para ponerse delante de una cámara, aunque luego el contenido se quede en petit comité.
    Besicos.

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    1. Otra cosa que también puede ser muy excitante es simplemente grabar el audio, tiene una gran carga erótica y gran privacidad (a menos que nos dé por gritar el nombre de la otra persona, claro, jajaja). Quizá esa sería una forma de empezar a quitarse la vergüenza ;)

      Besotes.

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...