-

25 de octubre de 2017

Tercera primera cita (Con Ranma)



Primera cita

Hace unos días llegué a casa con el cuello un poco amoratado y dolorido y, para qué negarlo, con bastante incredulidad, un calentón importante y las bragas húmedas. 

Pero empecemos por el principio, como se cuentan mejor los recuerdos. Para ello, habrá que remontarse más de un año atrás, cuando hablamos por primera vez.

Aunque antes, dos cosas: primero, él ha elegido su pseudónimo, podría haber elegido cualquier cosa y bueno, lo ha hecho...; segundo, ha leído esto, así que perdóname si he autocensuro un poco mi cerebro, hay cosas que a veces están mejor en el silencio. Y ahora sí, nos vamos un año atrás...

Empezamos a hablar en una app de ligue, nos dimos el WhatsApp, seguimos hablando, y bueno, no puedo decir que me muriera de ganas de quedar con él. Me caía bien, pero me faltaba ese algo que me hiciera desear quedar. Tuvimos algún momento de juego a distancia, y puede que fuera un error por mi parte, porque tras una mañana muy erótica desde mi solitaria habitación de hotel (hecha para follar, hay que decirlo), el tono subió considerablemente.

Insistía en vernos, y yo no acababa de verlo claro. Pero un día, estando cerca de su casa, le avisé para tomarnos algo y ver si aquello iba a algún sitio; no sería la primera vez que en la distancia alguien no me dice nada, pero en cuanto nos vemos saltan chispas. Lamentablemente no fue el caso, y me hizo replantearme completamente eso de las citas a las 2 de la tarde en un bar de barrio. Hablamos, un poco, aunque hubo más comunicación por WhatsApp que oral, a pesar de estar a menos de medio metro el uno del otro. ¿Por qué? Pues no lo entiendo, tendré que preguntárselo. Quizá porque me estaba diciendo guarradas y prefería hacerlo por escrito que a la cara. La cita acabó pronto, él tenía prisa y yo tampoco veía necesidad de alargar aquello. Dos besos al llegar, dos besos al irnos.

De vez en cuando hablábamos por WhatsApp, él me escribía y yo simplemente respondía, ya sabes, sin motivación las cosas no fluyen. Pasamos así bastante tiempo, entre sugerencias para quedar, y mucha guarrada a distancia. Reconozco que tengo un punto exhibicionista, pero lo de Ranma ya era/es harina de otro costal. Cada poco tiempo saltaba con alguna foto, vídeo o videollamada con intención de que le viera masturbarse; no le importaba que yo mirara a la luna o estuviera trabajando, creo que era el hecho de saberse observado lo que más le ponía. Y sinceramente, una foto o vídeo guarro me encanta como a la que más, pero cuando la situación y las ganas lo demandan, así, gratuitamente, se me hacía realmente pesado, y se lo hice saber (aunque como pude comprobar poco después, sin demasiada efectividad).

Ya estábamos a punto de entrar en verano, era un día entre semana y bastante tarde. Me escribió diciéndome de quedar, me ofreció 'un dedillo', y entre el calor, que estaba saturada de preparar cosas para la despedida de soltera de mi mejor amiga, y que me pilló con el día tontorrón, acepté. Te llevarás las manos a la cabeza por lo que acabo de contar, y créeme, si alguien me contara algo así también lo haría, pero no sé, hay veces que las decisiones se toman sin pensar.

Escote

No quería estar mucho rato, ni irme lejos, así que me pasó a buscar y aparcó en la puerta de un colegio cerca de mi casa. Poco más que un saludo, y ya tenía su mano entre las piernas. Y sí, no habíamos quedado a analizar el cosmos pero, ¿qué menos que darnos un beso antes, caldear el ambiente, crear las ganas...? Tuve que pedirle el beso, y cuando me lo dio me arrepentí de ello. Tenía una mano impaciente entre las piernas, y unos labios furiosos contra los míos. Entre la barba que me rascaba la cara, lo fuerte que se apretaba contra mis labios y que allí la armonía no tenía sede, era casi mejor que no me besara. Con las eventuales pausas a las que obliga estar masturbándose en la parte delantera de un coche en zona perfectamente iluminada -porque no es plan de que te pillen, obviamente-, y con unos vecinos que parecían no tener casa, se le sumaba que ni él acertaba, ni yo me concentraba. Me hice dueña de mi clítoris y le dejé jugar con mi vagina, pero el ángulo que tenía él desde su asiento era letal para su muñeca, y no se notaba el esfuerzo que estaba haciendo.

Milagrosamente, no sin mucho sufrimiento, acabé corriéndome. Aquí, no es por nada, pero yo me pondría un pin, no sabes lo complicado que me resulta llegar al orgasmo en situaciones así. Y como a una la educaron bien, y él se había portado y había tenido bastante paciencia, me porté yo con su polla. Una paja y para casa, a pensar lo que había hecho, y sobre todo el por qué...

Después de aquel desastre a mí se me apagaron las dudas y las ganas de repetir. De vez en cuando me escribía, hablábamos poco y hasta otra. No tenía intención de repetir. Y, cosas que pasan, con el tiempo dejamos de hablar; hasta hace unos meses. 

Me escribió, me contó sus últimos meses, hablamos, MUCHO, sobre el año anterior, lo que había pasado, cosas que no me gustaron como el envío constante de fotopollas o de videollamadas, aquella noche de casi verano, lo catastrófico que fue, las pocas ganas que tenía de repetir aquello, las ganas que tenía él de que le diera una oportunidad para redimirse...y alguna cosa más. Digamos que aclaramos si no todo, sí la mayoría de cosas que nos llevó a esa situación, a que no me plateara ni quedar a tomar algo o al cine, y no digamos ya a hacer guarradas. Seguimos hablando y estaba en el aire el tema de darle esa oportunidad que me pedía. 

No soy amiga de repetir errores, ¿en el fondo, quién lo es? Pero el tiempo, su sinceridad, conversaciones más allá del sexo, que me contara que aquella segunda cita estaba muy nervioso y que podía hacerlo mucho mejor, que respetara mucho el tema de las fotos y preguntara antes de enviarlas... Soy una blanda en el fondo -a veces muy, muy en el fondo- y, por varios motivos, volvió a ser una posibilidad que nos volviéramos a ver, ¿y si me estaba perdiendo algo muy bueno por una serie de catastróficas desdichas? De perdidos al río, a la tercera va la vencida... ¡Qué sé yo!

Un sábado de fiesta con amigos me acordé de él. Estábamos tomando unas copas, hablando y riendo, pero era uno de esos días en los que, digamos, los labios me pedían compañía, no quería follar, sólo morrearme -¿no te ha pasado nunca?-. Es extraño, lo sé, teniendo el recuerdo de un beso catastrófico querer que se repitiera, pero no me centré en eso, irónicamente. Yo pensaba que estaría poco rato de fiesta, él me dijo que si apenas íbamos a vernos que ya nos veíamos otro día, y al final llegué a casa poco antes del amanecer; de haberlo sabido...

La cita se retrasó de forma indefinida, pero hace unos días volvió a decirme que cuando quedábamos, que ya que no nos pudimos ver el sábado aquel, estaba pendiente vernos. Lo había reflexionado mucho, las experiencias anteriores, y aquella noche de sábado que nunca fue, por lo que lo dejé claro, nada de expectativas, quedaríamos a tomar una caña y ya veríamos si pasaba algo más o no. Ambos de acuerdo, sólo faltaba encontrar un día en el que las ganas vencieran la galbana que me daba. Y llegó el viernes pasado. Íbamos a quedar cuando él saliera de trabajar, que resultó ser una hora más tarde de lo que creía. Soy un búho, pero eso de salir de casa a horas intempestivas me da más pereza que madrugar -y ya es-. Me arreglé, llamé a un taxi y acudí a la cita.

Extrañamente me sentí cómoda desde el principio, supongo que en parte porque no tenía ninguna expectativa. La idea que había montado en mi cabeza era la de tomarme algo, hacer vida social y como mucho, si el ambiente era propicio, morrearnos un poco y para casa. Pero ya sabes eso que dicen, que las cosas rara vez pasan como imaginas... 

Entre cervezas, conversación, risas, mis tetas saliéndose de la camisa, alguna insinuación muy sutil y otras menos sutiles, me estaban entrando bastantes ganas de besarle. Esperaba que él lo hiciera, creía que había dado bastantes señales de luz verde y no entendía por qué no reaccionaba, 'quizá se lo ha pensado mejor, ¿y si ahora que yo tengo ganas él no las tiene?'. Y me debatí un largo rato entre dejarlo pasar, esperar al final de la cita y si no hacía nada mandarle después un WhatsApp diciéndole algo al respecto, o lanzarme. Y al final la cosa transcurrió más menos así:

Él: (comiendo kikos)
Yo: No comas kikos
El: (comiendo patatas rancias)
Yo: están asquerosas
Él: si no puedo comer kikos ni patatas rancias, ¿qué me puedo llevar a la boca?
Yo: ...la mía (me acerco y le beso)

[Jódete Hollywood, yo también sé escribir guiones de vómito de arco iris]

Calentón

Y ahí estaba, besándole y él a mí, tras haberme lanzado por tercera vez en mi vida, a un tío con el que ya me había besado -y corrido-; tenía la cabeza bullendo, pensando en si él tenía ganas de besarme por qué no lo había hecho ya, en que me estaba gustando mucho el beso, diametralmente opuesto al de aquella noche en su coche, en que me lo habría perdido si no hubiera aceptado esa tercera primera cita, en que había merecido la pena salir tan tarde de casa...

Tras el beso, ese momento que en ocasiones no se sabe ni qué decir, que es entre reconfortante e incómodo. No pude por menos que preguntarle, si no me hubiera lanzado yo, si lo habría hecho él y me dijo que no, porque prometió que iba a ser bueno. En broma le dije que él no había hecho nada, que yo estaba ahí exagerando escote y lanzándome, y de él no había salido mover ficha. Pero se tomó la cosa en serio, porque empezó a comerme el cuello, y con la bobada fue bajando hasta las tetas, y llevó su mano a mi entrepierna, y me estaba gustando todo mucho, y estábamos en la terraza de un bar...Y coño, que no era el lugar más indicado para esos niveles de juego, pero ya sabes, el morbo que da transgredir normas es combustible puro. Que si me toca, le toco, nos besamos, nos calentamos, me devora el cuello, me pongo terriblemente cachonda, me empieza a parecer indecoroso -sí, hasta a mí me lo parecía a esas alturas- darnos el lote así con medio bar saliendo, me entran ganas de más, de todo, y visto que se negaba a pagar mi multa si nos denunciaban a la policía por follar contra la mesa alta de la terraza, le sugerí darnos un paseo.

Allá que fuimos, buscando un rincón. Encontramos uno en el que se estaba bien, pero demasiado expuesto si alguien bajaba por ahí, y con mucha luz como para confundirnos entre las sombras. Ya con el pantalón a medio muslo, su polla en la mano y sus dedos dentro de mí, decidimos buscar un rincón más apropiado (porque sí, andamos como adolescentes sin tener lugar donde llevar el calentón). Nos ponemos a caminar, él pegado a mi espalda agarrándome las tetas, y yo sujetándole de la polla; debimos pensar que si soltábamos se rompería el clímax o algo. Y caminamos, y caminamos, y seguimos caminando hasta que dimos con lo más parecido a un lugar oscuro (porque hay que ver qué bien iluminada nos tiene la ciudad el ayuntamiento últimamente, JODER). 

A esas alturas ya era insostenible, era allí o en ningún sitio. Soltamos lastre contra una valla y seguimos el juego; busco los condones, y de la que los saco e intento ver de qué carajo de tamaño son, me enseña los suyos (permíteme el inciso, me encanta que mi compañero de juegos vaya preparado, por más que no se sepa si habrá juego o no, mejor pasear condones que quedarse sin fiesta, ¿no crees?), que tampoco sabe si le irán bien o no -tenemos pendiente una cata de condones para hallar la mejor opción-. Saco uno de los míos, y me quedo unos segundos parada, como esperando que cogiera el condón y se lo pusiera él. Sí, malas costumbres, y coño, falta de práctica por mi parte; pero reacciono, lo saco del embalaje y se lo coloco mientras él sostiene su polla, y es la primera vez que coloco un condón tan bien -en serio, soy una vergüenza de sexblogger en lo que a colocar condones se refiere, o eso o me encuentro con pollas raras demasiadas veces, pero igual tras esta experiencia no doy tanto asco...-. Pero a lo que iba, me inclino contra una valla y él se acerca por detrás y empieza a follarme, y aunque nos falló un poco la compenetración (también culpa de la falta de concentración, que follar en la calle da mucho morbo pero cero tranquilidad), no estuvo mal la experiencia. 

¿Lo mejor? Que sabe tocarme -y mira que soy complicada-, que aunque no lograra correrme entre aquellas ramas, me dio un anticipo muy bueno de cómo puede ser en un lugar más íntimo; que tiene paciencia; que si le digo de parar no tiene la más mínima queja y para; que sabe besar como a mí me gusta; que tiene un punto canalla que me pone; que sabe que un buen azote en el culo vale oro; que todo lo pide y no obliga a nada; que hay risas; que le gusta jugar a cosas nuevas; que no teme preguntar... 

Como tareas pendientes tiene enseñarme qué más sabe hacer en una ubicación mejor, y aprender a morderme con más cariño, si no que se lo pregunten a mis tetas y mi cuello; sí, ese mismo, el que llegó a casa amoratado y dolorido -tengo la piel muy sensible-, el que me ha tenido 3 días con el pelo pegado al cuello para disimularlo, el que disfrutó de la excitación por los besos y mordiscos hasta que le entraban las cosquillas o el dolor; y es que la pasión y las barbas pueden ser realmente terribles...

chupetón
Mi cuello tras la cita

Aunque hay cosas que pueden ser mejores, como el lugar donde nos acabemos desnudando, no puedo mentir, mereció la pena dar esa oportunidad. Al final resultó que sí me estaba perdiendo algo muy bueno...

Así es como, en líneas generales, lo recuerdo yo. Pero como dice Ranma, cada historia tiene tres versiones, la suya, la mía y la real. Y si la mía no le parece fiel -aunque dice que lo es bastante-, le animo a escribir su versión, a ver si por el camino damos con la real.

Dime, ¿has tenido alguna experiencia similar, alguien que de primeras no pero de terceras, cuartas o quintas acabara siendo sí, sueles conocer gente en apps de ligue, qué piensas de mi apuesta, has tenido terceras primeras citas que parece un ensayo continuo de la primera...? Cuéntamelo en los comentarios...

6 comentarios:

  1. Dicen que a la tercera va la vencida... en tu caso parece que se cumple.
    Este relato me ha recordado a mis tiempos mozos, cuando era (más) pobre y buscábamos parques mal iluminados para aquellos calentones adolescentes...
    Besicos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Totalmente, costó, pero tuvimos una cita muy buena, y no es la última :P

      Buah, de (más) joven era un horror buscar sitio, pero es que ya con cierta edad da mogollón de pereza. Me voy a tener que tomar en serio jugar a la Primitiva, o ligar con hombres que tengan casa propia, jajaja. Pero no se puede negar que lo de ir a lo oscuro siga teniendo su morbo...

      Besotes.

      Eliminar
  2. Venga que ya es la tercera, a ver si va la vencida jajajaja
    Lo que te quería decir es que me han gustado mucho dos cosas de la historia. La primera es que, a pesar del desastre inicial, te decidieras a dar otra oportunidad a alguien que ya no te hacía ni fu ni fa. Hoy en día estamos acostumbrados a que casi todo tenga un rápido reemplazo y no damos oportunidades prácticamente a nada.
    La segunda ha sido el polvo en la calle, siento predilección por los lugares "al fresco" :)
    Un saludo Gwen

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No suelo dar segundas oportunidades (no hablemos ya de terceras), pero hay veces que el instinto me dice que lo haga, y parece ser que no suelo equivocarme.

      El sexo en la calle tiene su aquel, es innegable el morbo del poder ser pillados.

      Gracias por pasarte (y los intentos porque quedara el comentario), espero verde por aquí de nuevo. Besotes.

      Eliminar
  3. Veo que eres tan cabezona como yo y muy de "dar oportunidades"... jajaja, pero si al final te ha salido bien, eso que te has llevado, el que la sigue, la consigue!!
    Yo tuve una historia con un chico que al principio no había por donde cogerlo (ni en español ni en argentino) y luego me acabó enamorando... así que vete con cuidado!
    Besitos guapa!! y cuéntanos como sigue la historia porfas!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que...¿y si me pierdo algo muy bueno? Jajajaja, y al final así era, por una vez mereció la pena. Pronto habrá una nueva entrega de la historia ;)

      Besotes.

      Eliminar

Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...