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6 de septiembre de 2017

El orgasmo con miedo escénico


Érase que se era, un orgasmo al que le gustaba hacerse notar, alargarse en el tiempo, poseer cada poro, incluso a veces remolonear, pero siempre aparecía desde aquella primera vez.

Se pasó años manifestándose cuando le convocaban, hasta que algo cambió. De pronto un día era otra voz la que le llamaba, ya fuera con manos, lenguas o pollas.

Estaba acostumbrado a responder a unas manos, y a las vibraciones que susurraban su nombre, pero la novedad le puso nervioso, y se bloqueó.

Fue tal el bloqueo que le costó años dejarse ver en compañía de terceros. Lo intentaba, lo intentaba también con las manos de siempre y las de terceros, pero nunca salía cuando alguien más observaba. Era un orgasmo con miedo escénico.

En ocasiones tentaba dejarse llevar, salir y poseer el cuerpo que lo ansiaba; hasta que recordaba que ese cuerpo estaba junto a otro al que no conocía, entonces frenaba en seco y no atendía a razones.

Tuvo que trabajar mucho para aprender a salir con las manos o las vibraciones de siempre cuando alguien más miraba. Pero lo acabó logrando. Hizo que el placer y la tensión sexual se liberara por completo, alegrando ese cuerpo que lo deseaba, y también al que le acompañaba.

Y aunque había supuesto un gran paso, y estaba comenzando a luchar intensamente contra el miedo escénico, todavía le faltaba algo por lograr. Debía conseguir salir a la llamada de otras manos, otras lenguas, otras pollas. Algo que no resultó nada fácil. Jura que lo intentaba, pero que las manos eran torpes, las lenguas impacientes y las pollas, bueno, las pollas no sabían.

Hacía auténticos esfuerzos por dejarse llevar, sospechaba, tanto como temía, que no sería capaz de hacerlo nunca, que se perdería la experiencia de atender la llamada de un tercero, y resultó ser así; al menos por mucho tiempo.

No fue hasta que una lengua especial tuvo la paciencia necesaria para convencerlo que se atrevió a salir. Sin intervención de las manos de siempre, sin las vibraciones que tan bien conocía.

Una lengua paciente, unas manos hábiles, unas sensaciones que hacían inevitable que el orgasmo rompiera con ese miedo, esa última barrera, llenando el ambiente de placer y satisfacción a un nivel desconocido hasta el momento.

Pero, a pesar de que con esa lengua, esas manos, y por supuesto esas sensaciones, apareciera con algo de paciencia; se retraía de nuevo cuando no se tenía ese tiempo, la lengua cambiaba o las manos se movían torpes.

El orgasmo con miedo escénico no había desaparecido. Tan solo elegía muy bien con quién, y en qué momento, hacía que el miedo desapareciera. Elegía momentos y personas muy concretas, aquellas con quienes la conexión iba más allá de lo físico, esas que se tomaban el tiempo de convencerlo, las que sabían qué hacer para que se sintiera lo suficientemente a gusto como para salir sin que las manos de siempre o las vibraciones amigas tiraran de él.

Descubrió entonces que no era miedo escénico, si no que si tiene un público que no lo va a apreciar como a él le gusta, prefiere no salir a escena a menos que le obliguen.

11 comentarios:

  1. Un orgasmo selectivo... hay quien los tiene más desinhibidos y hay quien prefiere dejarlos salir cuando se está muy a gusto, no cualquiera merece la salida a escenario...
    Besitosss!!

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    1. Aunque ya he aprendido a sacarle cuando no estoy sola, ojalá fuera capaz de dejarse salir (o él de hacerlo) fácilmente cuando no soy yo quien lo trabaja. Supongo que es la mayor recompensa que puedo dar ;)

      Besotes.

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  2. Como dice Sofi, orgasmo selectivo.
    Fantástico retorno.
    Besicos.

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    1. Así es, uno, que no sale con cualquiera, jajaja.

      Gracias! Besotes.

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  3. Me encantó la "historia" del orgasmo con miedo escénico.
    Sólo se producía en las ocasiones especiales.
    Por cierto un relato no ajeno a muchas realidades.
    Gracias y enhorabuena.
    Magnifico!

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    1. Creo que es algo que todas las personas, sobre todo las mujeres, hemos vivido en más ocasiones de las que nos gustaría.

      Gracias ;) Besotes.

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  4. Me han llegado a consulta mujeres con orgasmo selectivo, en su caso, que no se permiten tener un orgasmo con un hombre/mujer que no se lo merezca porque consideran que es un privilegio y un placer compartido y si no es recíproco, pues se lo guardan para ellas.
    La consulta era porque de tanto hilar tan fino al final evitaban relaciones sexuales con otr@s y sólo se autocomplacían, a veces de forma compulsiva. Gracias por el relato.

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    1. Lo mío creo que se debe más a la falta de confianza, y la falta de habilidad de otras persona. Logré llegar al orgasmo con otra persona al lado, pero eso de que sea otro quien lo saque, así por las buenas, es algo muy complicado. Siempre he pensado por ello que yo era muy complicada, aunque a lo mejor lo que me pasa es que me cuesta confiar y soy muy exigente, quien sabe.

      Creo que poder disfrutar de un orgasmo acompañada es un privilegio, pero para quien lo disfruta, no algo que haya que 'dar' como premio. Seguro que ayudaste a esas mujeres ;)

      Besotes.

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  5. Menos mal que una vez llegó una lengua habilidosa. Comprendo muy bien a ese orgasmo y es que es muy difícil encontrar a alguien que le valore y que tenga la paciencia y habilidad para comprenderlo y saberlo atraer sutil y gracilmente. Quien sabe lo disfruta y quien no, pues peor para él.
    Y ahora más en serio, me ha gustado la forma de contarlo y creo que es un tema del que no solemos o se suele hablar mucho y es algo muy común. Así que gracias por sacarlo!
    Un abrazo!

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...