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12 de julio de 2017

Juguete prohibido: intocables provocadores de fantasías


Hoy no hay juguetes, hoy hablamos de personas. De ti, de mí, de tu pareja, de tus amigos, tu entorno...

Partamos de la base, una quizá bastante controvertida, que quien debe fidelidad es quien tiene pareja. Partamos también del concepto de fidelidad e infidelidad, y de lo fina que es la línea que las separa según la moral de quien cruce o vea cruzar dicha línea. Ahora pongamos que ponemos a prueba la fidelidad de alguien, o alguien la nuestra; que una conversación mundana deriva en lo sexual -y créeme, muchas veces pasa sin más-, y de compartir gustos como quien habla de música, compartís fantasías conjuntas como quien juega con fuego.


Y no te quemas, muchas de esas veces, pero otras sí; lo que está claro es que arder, ardes. Ahora de deseo, y para quien crea seguramente también lo hagas en el infierno. Pero a ti te da igual porque el calor sienta tan bien que no te paras a pensar en las dolorosas quemaduras que te provocarás o provocarás a otra persona. Y ya puestos, en las respectivas parejas, que pueden acabar incineradas sin siquiera disfrutar del arrullo de la hoguera.

Pero a veces resulta inevitable caer en ese juego prohibido, en tontear con quien tiene pareja. Y personalmente, tengo que decirlo, nunca he ido buscando a quien no está libre, pero por contra, en más de una, de dos y de cinco ocasiones ha sido esa persona con pareja la que me ha buscado a mí, y tanto insistir, tanto llamar a la puerta, las ganas y la tensión sexual te hacen abrirla. Las más de forma remota, con la ilusoria seguridad de la distancia y el contacto online, pero también acaba pasando que en algún caso ese contacto se vuelve real y estás hasta el cuello en una situación para nada deseable.

Poco tiene que ver, creo, por más que digan algunas personas, con la infelicidad con la pareja. Creo más bien que es una falta de seguridad, una necesidad de novedad, o un caramelo que apetece y sólo porque no te lo puedes comer apetece más, y eso lleva a buscar el contacto con quien evidentemente tienes un feeling palpable, buscar la conversación subida de tono, aprovechar la confianza que sin proponerlo se ha creado para hablar de fantasías, de inspiración masturbatoria, de que su cuerpo te ha pasado por la mente y la excitación se ha apoderado de tu persona...


Claro que siempre hay personas que son infieles, que cruzan esa línea, porque creen que lo necesitan, porque dicen que no están bien con sus parejas, que te venden la moto de que van a cortar, que no reciben lo que precisan, que ponen los cuernos impulsiva y compulsivamente. Aunque no son el motivo de estas palabras. Estas palabras están inspiradas en esas personas que, aún felices dentro de sus posibilidades, se dejan llevar de alguna manera hacia el juguete prohibido. Y ese puedes ser tú, o puede que tú seas el de alguien, porque el buen juguete prohibido es bidireccional. Cuando ambas partes desean aun siendo conscientes de que simplemente sería una satisfacción pasajera de hacerse real, que tiene fecha de caducidad, y que no es lo que en el fondo quieren. Es un juego, a veces inocentes flirteos, otras intensas sesiones masturbatorias a distancia, y algunas físicas y carnales que te sacuden tanto al iniciarse como cuando estrepitosamente acaban. 

¿Un poco de picante para la rutina, para el hastío de la normalidad, de la monotonía? Es probable pero, en ese caso, ¿es realmente necesario cruzar la línea, no vale con jugar en el precipicio con un pie en la seguridad y otro asomado a la fantasía? ¿Cuando se cruza la línea es siempre porque se piensa que lo que tenemos, que nuestra propia monotonía, es irreparable y no merece esa fidelidad, o quizá es como saltar sobre un puente de cuerdas, que necesitamos sentir que hay vaivén para notarnos vivos e insuflar energía a nuestra rutina?

Al juguete prohibido te lo encuentras. Puede que tu actitud facilite que aparezca, pero no creo que sea algo buscado. Es un descubrimiento que mueve nuestros cimientos, que nos inspira, que nos hace despertar a veces de un largo sueño, que nos ayuda a comprender qué queremos de la vida, e incluso qué no queremos. Un juguete prohibido puede ser inocente, tan inocente como consideres tus pensamientos y los de la otra persona. Un juguete prohibido tiene respeto y lo merece, se debate en ocasiones en un dilema moral, otras es más bien físico, las más están combinados. Al juguete prohibido hay que saber ponerle límites, y que te los ponga a ti, y tomar distancia cuando alguno de los dos está jugando demasiado cerca de caerse por el borde, ponerla quien la necesita, o ponerla la otra persona. Porque con un juguete prohibido hay una conexión más allá del deseo, de la excitación, del jugueteo; hay feeling, amistad, cariño; y es responsabilidad de ambos no romper la vida del otro, no querer saltar muros, no querer que abandone nada por ti, preocuparse por su felicidad. Y siempre, cuando cualquier señal indique que la situación se está volviendo demasiado frágil, alejarse, dar espacio y dejar respirar, aunque deba ser forzado, sobre todo si necesita que así sea.


Y en la distancia un juguete prohibido es peligroso, porque despierta cosas en ti que no sabías que tenías, que sentías, que podías sentir. Despierta deseos físicos y etéreos, ilusiones, fantasías. Pero en la cercanía el juguete prohibido se vuelve una bomba de relojería; no se sabe cuando, no se sabe a qué nivel, pero sabes seguro que acabará explotando y alguien saldrá dañado. Y ciertamente, no sabe mejor si quien se hiere no eres tú, porque de una u otra forma, eres responsable de haber activado la bomba.

Así que cuidado. Ten cautela cuando juegues, cuando te encuentres con un juguete prohibido, y asegúrate bien antes saltar si no te quieres arriesgar a perder lo que tienes por apagar un deseo que has ido alimentando entre risas y confidencias. Asegúrate de que habrá alguien al otro lado que amortigüe tu caída, o asume que es posible que debas recuperarte de tus heridas tras la prueba de fuego, porque quien con fuego juega...termina quemándose.

Juguetes prohibidos: Activa o pasivamente me habéis ayudado a conocerme, a abrirme, a desear, a sincerarme, a perder miedo, a saber qué busco, a intentar encontrarlo, a vivir experiencias intensas, a aprender de todo cuanto me sucede. Sólo deseo que algún día pueda compartir mi hallazgo más profundo con alguien que no esté prohibido. Gracias mis juguetes prohibidos.

1 comentario:

  1. Precisamente por ser prohibido es más "objeto de deseo" que si no lo fuera. Nos gusta lo difícil; algunos y algunas lo llaman morbo.
    Fantástico artículo.
    Saludos veraniegos!!!

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...