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28 de junio de 2017

La fantasía de la colegiala y...ésto no es para mí

colegiala sexy

Si hay algo más divertido que el propio sexo es descubrir nuevas fronteras, innovar y jugar con nuestros límites. Y aunque una idea sobre el papel puede ser fantástica, excitante y morbosa, hasta que no lo ponemos en práctica no sabemos si realmente nos satisface. A veces no hace falta siquiera hacerlo, vale con pensarlo detenidamente, o quizás nos baste la fantasía para alimentar nuestra excitación sin tener idea jamás de meternos en situación. Otras, en cambio, debemos probarlas, o intentarlo al menos.

Hará unos dos años (vaya cómo pasa el tiempo, ¿no?) hablaba con un follamigo. Estábamos haciendo planes para vernos, tenía la casa libre e iba bien de tiempo para desarrollar algo interesante. No recuerdo cómo surgió la idea, simplemente apareció de forma tan natural que era una locura descartarla sin mas. Ese hombre tenía la habilidad para dar rienda suelta a mi imaginación, incitarme a salir de mi zona de confort y probar cosas que habitualmente no surgen con un follamigo, por prolongada en el tiempo que sea la relación que nos una. Es de reseñar que el follamigo era aquel con el que más tarde montaría la mazmorra improvisada, y también que tengo una actriz frustrada en mi interior, así que esos pequeños juegos de rol alimentan ese aspecto y hacen un dos por uno; puedo interpretar un papel improvisado, y disfrutar de un sexo la mar de interesante.


Ya estaba hablado, yo me encargaba de crear el personaje y el vestuario de colegiala, y él vendría a darme unas lecciones. Cualquiera pensaría que tengo un armario lleno de disfraces para cumplir todo tipo de fantasías, y no, para nada. Pero alguna ventaja tendría que tener acumular ropa de diversas clases, de esa que dejas de ponerte porque no te ves con ella en la calle, aunque para montarte un juego de rol viene perfecta. 

Busqué una falda corta de cuadros, una camisa blanca, calzas negras por encima de la rodilla, corbata y, a petición de mi amigo, unos taconazos. Ahora tenía que intentar cambiar mi cara, que varios de mis amigos dirían que tiene una permanente mueca pícara, y transformarla en algo inocente. Coletas a los lados sujetas con lazos y un maquillaje suave con coloretes daba bastante el pego (o no, esa mueca es difícil de quitar...). La lencería también era importante, no sé en qué estaba pensando, pero mi papel de colegiala se dibujó como una criatura inocente -JA-, con lo fácil que hubiera sido una colegiala cachonda pero, ¿qué es la vida sin retos? El sujetador más básico que encontré, y unas bragas de Mickey, lo pienso ahora y me dan escalofríos...

Al margen de la historia, me viene a la mente lo que pensarán mis vecinos cuando abro la puerta a un tío (en caso de que miren por la mirilla o nos oigan), bien sea por los modelitos con los que aparezco, su ausencia, o los gemidos... Entiéndeme, no me preocupa, simplemente me intriga. En fin, a lo que vamos.

Termino de arreglarme, me calzo los tacones y llama a la puerta. Grito acción mentalmente de la que llevo la mano al picaporte, según abro ya estoy dentro del personaje; al verle la cara sé que lleva horas cachondo pensando en la fantasía, y que va a ser memorable, de eso no cabe duda.

colegiala sexy

Le hago entrar al salón. El subterfugio es que voy fatal en clase, y es un profesor particular que viene a darme clases de apoyo de anatomía (muy predecible, ya, pero no me veía dando clases de física). Le hablo con una inocencia totalmente irreal (en mí) durante toda la puesta en escena, hago preguntas sobre la anatomía femenina, y me explica algunas cosas sobre mi propio cuerpo. ¿Dónde está el pecho? Y me lo toca por encima de la ropa mientras me explica cómo el pezón reacciona a sus caricias, para demostrarlo me abre la camisa y me sube el sujetador dejando las tetas al aire; me pregunta si me gusta, le digo que sí con un tono tan tímido y tan de niña inocente que me sorprendo a mí misma, pero me está saliendo solo el papelón de la colegiala y de alguna manera me asusta, que me salga solo y que él lo disfrute tanto.

Le enseño el libro que tengo y le pregunto por la vulva. ¿Para qué sirve? Me levanta la falda, me abre las piernas con delicadeza y me acaricia el Mickey de las bragas a la vez que me cuenta que es un sitio que da placer (obviamos el realismo técnico), pero que conoce otro mejor, que si quiero conocerlo. Vale... digo con esa pose de niña con la que cada vez tengo más conflicto. Me abre un poco más las piernas y mete la mano debajo de Mickey, acariciando suavemente y enseñándome lo que puedo sentir, diciéndome que también me puedo tocar yo cuando esté sola, que me hará cosquillas divertidas. Le digo que no me gustan las cosquillas, pero me calla metiéndome dos dedos en el coño, solos, deslizándose hasta dentro sin ninguna dificultad, y me dice que esas cosquillas sí me van a gustar. Vaya, parece que estaba mucho más cachonda de lo que pensaba...

Mueve sus dedos en mi interior, pero no deja de explicarme cosas que no recuerdo. Luego me presenta a mi clítoris, diciéndome que si le doy caricias me da un gran premio. Lo acaricia para demostrar que puede ser muy interesante. Mi mente sólo oía blablabla, y me imaginaba saltando sobre él, disfrutando de sus expertos dedos follándome mientras le comía la boca, pero me obligue a salir de mi propia mente y permanecer en el juego, a ver qué salía de ahí. Le pregunté sobre la anatomía de los hombres, y tras una breve explicación me dijo que no debería hacerlo, porque no estaba bien, pero que podía tocarle a él para aprender. Me llevó la mano a su entrepierna y fingí preocupación por su hinchazón cuando realmente lo que quería era bajarle los pantalones y comerle la polla a dos carrillos. 'Gwen, mantente en el papel' me decía a mí misma. 

Se desnudó para enseñarme cómo era un pene, y cómo reaccionaba a los estímulos, todo muy didáctico, hasta que llevó mi mano a su gran erección y me dijo que moviera la mano sobre ella. La agarré, y comencé a pajearle, le miraba y le preguntaba si así estaba bien y que si le gustaba. Me decía que sí entre pequeños jadeos, y me sugirió probarla con la boca. Le miré extrañada en mi inocencia pero confiando en la sabiduría de mi profe. Ahí no te lo voy a negar, se me fue un poco el rol de la cabeza y quien le comió la polla fui yo, no la colegiala. En cuclillas, con la camisa abierta, el sujetador por encima de las tetas, las bragas echadas a un lado, los tacones acercándome a la altura de su polla y mis manos agarrando su cadera mientras él gemía. Ya, lo has visto mil veces en porno.

Yo también quiero probar, y no hizo falta más. Me tumbó boca arriba en el sofá, me abrió las piernas y colocó su cabeza entre ellas. Besaba mis muslos, lamía mis labios, jugaba con mi clítoris, me follaba con sus dedos... Veía la escena, con la falda subida, las calzas escurridas a media pierna, la camisa abierta, y su cabeza bellamente instalada en mi coño, era innegable, tenía un morbo impresionante.

cunnilingus

Y, tal como me tenía acostumbrada, no paró hasta que un sonoro orgasmo inundó la habitación. Lentamente separó la cabeza, dejándome ver esa sonrisa de satisfacción por el placer ofrecido, sudando todo él, y con mi sabor en sus labios nos dimos un largo beso mientras recobrábamos el aliento. Aún no comprendo cómo fui capaz, pero hasta al correrme era esa colegiala.

Me dispuse a realizar mi examen oral (guiño, guiño), estaba dispuesta a tragarme aquella polla hasta que me aprobara toda la materia....en la boca. Pero su alarma sonó, tenía que marchar e irremediablemente dar fin a la fantasía, problemas de llevar una doble vida. Se despidió de su alumna favorita, y me despedí de mi profesor favorito, agradeciéndole la lección privada. Salí del juego de rol al cerrar la puerta, gritando corten mientras recogía el set de rodaje.

Todo ordenado y recién salida de la ducha me tumbé en la cama. De alguna manera para intentar analizar lo que acababa de pasar y entender cómo me sentía al respecto.

Aunque no fuera objetiva, me di un 10 en interpretación. Joder, pasarme horas sin salirme del personaje, y de ESE tipo de personaje concreto, tiene su mérito, no lo niegues. Por otro lado, me empezaron a entrar ciertos remordimientos morales. Con esa actitud de niña sumamente infantil que tanto disfrutó, no puedo evitar pensar en eso que siempre queremos evitar mencionar siquiera, la pedofilia. Y aunque técnicamente no le veo nada malo a una fantasía realizada entre adultos consensuadamente, me puso nerviosa que me saliera increíblemente inocente y aniñada, y que él estuviera igualmente a gusto con la idea. También te digo, si hubiera hecho el papel de colegiala pícara y pervertida, él se lo habría pasado igual de bien, o puede que incluso mejor (por mostrarme más activa y más cercana a mi zona de confort). Pero parte del problema moral estaba en mi decisión, ¿por qué lo interpreté así? ¿Había alguna lectura más allá de asociar una colegiala a la tierna inocencia infantil? ¿Acaso no he visto suficientes películas de chicas en edad escolar interpretadas por mujeres adultas? No tengo ni idea, y no termino de entenderme a mí misma, ni esa sensación que sentí hacia su actitud, ni tanta reflexión moral. Lo cierto es que sólo sé que ésto no es para mí.

Me sacó de mi razonamiento irracional un mensaje suyo: 'Eres increíble...'. Y bueno, quizá le estaba dando demasiadas vueltas a una fantasía cumplida, lo que no cabía duda es que ambos estábamos de acuerdo en eso. Soy increíble -¿qué, no lo crees?-.

pícara

Igual probando con la colegiala pervertida... Tendré que ponerlo en la lista, porque aún con debate moral o sin él, no se me han quitado las ganas de probar cosas nuevas siempre que sea posible y haya ganas...

Dime, ¿has puesto en práctica algún juego de rol con intenciones sexuales, te has disfrazado para el sexo aunque no siguieras un personaje, qué opinas de mi experiencia, entiendes mis dudas morales, crees que se me ha ido la cabeza y que no es para tanto, te gustaría montarte una fantasía con su personaje y no salirte hasta el final, has tenido algún conflicto moral relacionado con el sexo...? Cuéntamelo en los comentarios...

4 comentarios:

  1. Claro que sí. Muchos. El sexo debe ser ante todo imaginación. No limitarse a lo mismo. Explorar tu cuerpo y no tener miedos a nuevas sensaciones.
    El resto son florituras que nos encorsetan para siempre.
    Gracias por compartir tan interesante post.
    Saludos.

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    1. Eso es, y alimentar la imaginación siempre, no sólo como último recurso cuando se percibe que la relación se ha estancado de alguna manera.

      Besotes.

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  2. Pues nunca me he disfrazado ni hemos practicado un juego de rol, pero leído lo leído, ganas me han entrado de empezar a jugar.
    Sobre las dudas morales, yo no le daría muchas vueltas, como dices, es solo un juego, un teatrillo consensuado entre dos personas adultas.
    A seguir probando y no te olvides luego de contárnoslo.
    Besicos

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    1. Pues es un mundo diferente, pero divertido. Se aprende también mucho sobre uno mismo, la capacidad de interpretar, la imaginación, la experimentación, vernos capaces de algo que no imaginábamos... Te lo recomiendo! Y si lo haces, ya abes, nos lo cuentas ;)

      Besotes.

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...