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25 de enero de 2017

Y de repente... Mei

abrazo en cama

Digamos que durante mucho tiempo he sido bastante escéptica respecto al amor. El amor era aquello que les pasaba a otras personas, y yo veía desde la distancia mientras danzaba de unas manos a otras y disfrutaba de la paz que otorga saber gozar de la soledad. 

Digamos también que siempre he sido una romántica -cosa que negaré haber escrito-, por más que haya paseado por el borde alejándome del más nimio sentimiento hacia alguna de esas manos entre las que danzaba. Mirar el cuerpo desnudo que estaba junto a mí, con el que hacía unos segundos había gemido, y sentirme sola, notar el vacío aumentar al verle salir por la puerta u olerle en mis sábanas más tarde. El hueco que había llenado con sexo se vaciaba cuando todo acababa, cuando la soledad, está vez no deseada, me encontraba.

Y digamos, ya que estamos, que las casualidades de la vida me trajeron aquello que llevaba mucho buscando aunque simulara huir de ello. El amor acabó llamando a mi puerta y no pude resistirme a abrirla y dejar que campara a sus anchas por mi pequeño mundo (ahora no tan) solitario.

Hace unos meses, tras una de las crisis más grandes con #SegundaVezBook, recibí un mensaje de apoyo en Twitter. Estaba tan cabreada y con tanta ansiedad que decidí esperar unos días para contestar, por eso de que no paguen justos por pecadores. Y así es como empecé, una vez más tranquila, a hablar con Mei.

manos entrelazadas

Lo que comenzó como un intercambio de opiniones y risas, donde hablamos levemente sobre tomarnos un Cola Cao como amigos algún día que fuera a Barcelona, entre un inocente tonteo y el descubrimiento de lo que podría ser una gran amistad, acabó surgiendo algo más. Desde el día que contesté aquel mensaje de ánimo hasta hoy, no hemos pasado ni un solo día sin hablar. Horas y horas conociéndonos, riendo, compartiendo cosas, aprendiendo, dejándonos llevar, confiando, alimentando una atracción que tardó en dejar de ser sólo mental y permitir que entrara en juego lo visual. Horas, días, semanas, meses...

Me conquistó con comprensión, con humor, con paciencia, con sinceridad, con inteligencia, con pasión, con ideas, con ánimos, con una atractiva posible realidad que se abría ante nuestros ojos por complicada que fuera... Con amor... Y de pronto me sentí querida, me supe querida, y se me descolocaron todos los esquemas; Mei quería tirar abajo ese muro emocional que me había costado tanto construir, y por primera vez me sentí preparada para dejar que alguien lo intentara de verdad, para que él lo hiciera. No sin esfuerzo, fue haciéndose hueco -con mucha paciencia- hasta descubrir que tenía un corazón oculto bajo capas y capas de coraza impenetrable, corazón que día a día comenzó a sentirse lleno de amor por él. Hasta hacerme sentir la necesidad de decirle aquello que tanto me había dicho él antes y que yo nunca había pronunciado más allá de familia y amigos; 'TE QUIERO' articularon mis labios al fin, porque por primera vez no era un pensamiento postcoital, no era un sentimiento pasajero, era real. Las palabras se agolparon en mi garganta queriendo salir, teniendo la necesidad de hacerlo, de expresar lo que sentía por él en mi corazón, de agradecerle su amor, su paciencia, su apoyo en varios malos momentos... De abrirme como nunca y darle esa pieza que tan celosamente guardaba, mi corazón

en la cama

Dos meses desde la primera conversación, tras horas al teléfono, decenas de orgasmos a distancia, miles de mensajes de WhatsApp y varios momentos importantes después, por fin logramos cuadrar agendas y quedar para conocernos en persona. Por desgracia la distancia que nos separa complica el vernos con frecuencia, organizar un encuentro no es un 'baja que estoy', si no buscar una fecha, un lugar... ¿El elegido? Del 2 al 5 de enero en Madrid. La primera cita más larga de mi historia, y la más increíble. Pero eso ya te lo cuento en otra ocasión... 

Y ahora me encuentro creyendo en que el amor también es para mí, sintiéndome llena aun teniéndole lejos, con el romanticismo despertando y, por primera vez en la vida, teniendo algo real que celebrar el (comercial) San Valentín, que Mei esté en mi vida.

10 comentarios:

  1. OOoohhh! que post tan bonito Gwen ❤️ Si te hace feliz deja que se quede :)

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    1. Así es, me hace feliz, y no tengo intención de que se vaya *.*

      Besotes.

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  2. Ais ais ais ¡pero que dulzón se está poniendo este blog! :P

    No sabes cuanto me alegro de ver que te va así de bien, estoy convencidísimo de que te lo mereces. ¿Sabes? Nunca he celebrado un San Valentín, cosa de la que me gusta presumir. Uno es así de sieso, o de idealista, o de idiota. Hay muchos prismas desde los que mirar xD

    Ya verás como el tuyo va a ser genial. 100% garantizado. Y sí, te debo un mail, te prometo que no me olvido ni por un momento.

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    1. Jajajaja, no todo es sexo salvaje, también puede ser sexo salvaje con amor xD

      Muchas gracias, estoy empezando a creerme que me lo merezco. Yo tampoco he celebrado nunca San Valentín, aunque supongo que no tener con quien tampoco ayudaba, jajaja.

      Celebraré éste cuando se pueda, pero intentaré que sea genial. Espero ansiosa ese mail. Besotes.

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  3. ¡Me alegro mucho Gwen!

    Disfrútalo mucho y como ya te han dicho, te lo mereces. Créetelo. ;)

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    1. Muchas gracias Lex. Cada vez me lo creo más *.*

      Besotes.

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  4. Puedo ser un poco repetitiva con los anteriores comentarios.
    Pero por lo que leo, que me encanta, TE LO MERECES!!!
    Gracias por compartir.
    Saludos

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    1. Muchas gracias Carla, estoy muy contenta.

      Besotes.

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  5. Me encanta tu historia. Creo que ya te había felicitado antes, pero vuelvo a hacerlo, Feicidades!!!

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...