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9 de noviembre de 2016

Las primeras citas

Giuseppe Cristiano
Ilustración de Giuseppe Cristiano

Perdona que sea tan cruda, pero las primeras citas son lo más cercano a la tortura en cuanto a relaciones sociales se refiere. Y mira que te lo dice alguien para quien los eventos (más o menos concurridos) son sinónimo de estrés.

Da igual lo que sepas antes, lo que intuyas, lo que prometas o prometan, da igual la experiencia que tengas. Todo da igual cuando te enfrentas a una nueva primera cita, da igual porque nunca hay dos iguales, y por más citas que hayas tenido siempre te puedes sorprender.


Aunque la cita vaya precedida por largas e intensas conversaciones en las que se intenta conocer a la otra persona lo más posible, puedes llegar a la cita y tener la sensación de que con quien reías a través de una pantalla y quien está sentado frente a ti son diferentes, y ni puta gracia que te hace.

He de decir que no pasa siempre, a veces también te llevas gratas sorpresas. Reconozco que se me ha dado el caso de aceptar una cita sólo para que dejara de darme el coñazo -y porque a veces lo de decir 'no, gracias' me cuesta-, y a pesar de mis ínfimas expectativas me he alegrado de haber cedido a su insistencia.

Citas que olvidas antes de llegar a casa, que no entiendes cómo han sucedido siquiera, en las que deseas que te trague la tierra, que te duermes, que te gustaría correr y no parar hasta que te hablaran en cilírico; citas muy divertidas, excitantes, vivas, intensas, misteriosas, interesantes, reconfortantes, en las que crees haber encontrado el amor de tu vida, o una amistad con derecho a roce, o unas cañas aseguradas con gran conversación... Por tipos de citas no será.

En una primera cita todo puede pasar, y estoy segura de que habrás tenido más de una que cumpla uno o varios puntos de lo anterior. Tú eliges qué sacar de ellas, pero siempre es bueno quedarse con la experiencia, que igual la cita no fue como se esperaba, pero coño, ahora tienes una nueva historia que contar.

Como la vez que, tras meses de animada conversación, finalmente quedé con aquel profe sexy y me aburrí más que en todos mis años de estudiante. Ya empezó mal antes de vernos siquiera, con un mensaje suyo -cuando estaba a punto de llegar al lugar de encuentro-, preguntándome si tenía pañuelos porque tenía algo de mocos... Joder, ¿no podía pedirme un pañuelo cuando nos viéramos, ir quizá al baño a por papel...? Luego no mejoró. La conversación resultó insustancial, el humor no se dignó a aparecer y por lo visto se quedó en otro garito con el rollo sexy, porque te prometo que en esa cita no apareció. Tras un par de horas que me parecieron siete le dije que podríamos irnos, cómo acabamos cenando en el bar de al lado todavía es un misterio. Al final le acompañé a pillar el búho, porque la cita fue una mierda, pero soy gilipollas e incapaz de irme sintiendo que dejo tirado a alguien. La cobra que le hice antes de que marchara en el bus la catalogaron para añadirla al Récord Guinness. Sobra decir que no volvimos a vernos las caras a pesar de sus repetidas invitaciones a ver una peli en su casa. Lo siento, pero sólo una sesión de tortura por persona, gracias.

primera cita

La vez que me dieron plantón también debería contar. O no. Salí de mi casa inusualmente pronto a primera hora de la tarde para tomar café -o lo que fuera-, llegué al bar 5 minutos antes, le escribí, le volví a escribir, esperé y desesperé, y llamé a unos amigos para despotricar sobre el plantón que me acababan de dar. Cuando volví a hablar con él me dijo que había estado esperando en el otro lado de la plaza, y que no me vio en la puerta del bar así que se fue. Con dos cojones. Porque acercarse hasta donde habíamos quedado era mucho pedir. Así que dejé de hablarle porque, desde el otro lado de la plaza, me sudaba el coño. Afortunadamente es el único plantón en mi haber, pero a veces es casi mejor que otra de mis citas...

Un arrebato de esos de 'no tengo plan, estoy depre, necesito animarme, éste insiste mucho en conocernos, qué coño, hagámoslo'. La PEOR cita de mi vida. Otra vez apareció la Gwen gilipollas y aguanté una cita de unas cuatro horas, que habrían sido más divertidas invertidas en depilarme las piernas, pelo a pelo, con palillos chinos. A mis preguntas sólo sabía contestar con monosílabos, frases excesivamente cortas o muecas. Acabé haciéndole preguntas estúpidas rollo 'test de la Ragazza' a ver si lograba que se soltara un poco. Color favorito, comida favorita, un momento que quisiera repetir, un viaje que deseara, algo que le hubiera marcado, qué le hacía feliz... Me daba asco y vergüenza a mí misma, ¿cómo llegué a ese punto de aguantar a un soplapollas por pura educación? Tras la caña, el test y una vuelta entera a mi barrio -EN-TE-RA-, yo seguí andando hasta que llegamos a mi casa, le dije dónde coger un taxi y me piré. Tiempo después me dijo que estaba muy nervioso, que había habido momentos en los quería haber salido corriendo, otro en el que pensó que le iba a besar, otro diferente en el que quería besarme, y que cuando llegamos a mi casa creía que le iba a invitar a subir. ¿Pero en qué mundo vive esta gente? Insistió, y volvió a insistir, y lo hizo una vez más, hasta una media de dos o tres veces al año durante cinco años, que si cine, que si tomar algo, que si follar (WTF), que si un viaje (WTF elevado a infinito). Tras todas mis negativas a volver a repetir ese suplicio creo que pilló el mensaje.

Hace unos meses tuve una de esas citas en las que el surrealismo se hace protagonista, al menos por un tiempo. Llevábamos unas semanas hablando sin parar, riendo, conociéndonos, tonteando un poco. Una de esas personas con las que conectas y tienes buen feeling y con quien, aunque no acabe pasando nada, sabes que habrá una buena amistad. Sugirió una cita a ciegas, literal, esto es acudir a la cita con un antifaz y pasar un rato hablando hasta que por fin se lo quitara y pudiera verme. La gracia aquí está en que yo le había visto en foto, pero él a mí no, así que era a ciegas a medias. Acabamos quedando en un parque cercano a mi casa, pasando uno de los ratos más extraños de mi vida hablando 'a ciegas', y a la vez una de primeras citas más conversadoras, pues no hubo silencios incómodos, aunque claro, cuando no puedes hacer gestos parece que si no hablas te has ido, jaja. Finalmente se quitó el antifaz y nos fuimos de tapas por la ciudad. Hablamos, reímos, seguimos conociéndonos, pero creo que esa chispa no acabó de saltar y la cita acabó con un largo abrazo (supongo que lo leerás, así que que sepas que me fui a casa con tu olor tras ese abrazo. Yo pensando que lo tenía en la ropa y estaba en mi nariz...). Al final resultó que sin saberlo o sin estar seguro, ya me había visto antes, pero eh, el recuerdo de la cita con antifaz no nos lo quita nadie.

primera cita

Allá en el recuerdo tengo una de mis primeras citas, con 13-14 años. Hacía poco que había pasado lo de Tilo y tenía cierta inseguridad, seguramente pensando que todos querrían lo mismo en la primera cita. Nos conocimos por chat, hablamos por Messenger, y a los días quedamos en un bar. Tomamos unos refrescos, hablamos, reímos, y en una de esas puso su mano en mi rodilla -¿qué era una mano en la rodilla después de lo vivido?-. Mi cara se congeló, me tensé, me despedí con premura y salí por pies. Nunca más se supo de aquel chaval. Que, ahora que lo pienso, parecía bastante más mayor de lo que me dijo...

Una de las citas más épicas de mi adolescencia, quitando aquella cuando quedé con el que cantaba en una coral y quiso meterme morro nada más conocernos, fue con 14 años. Pasaba por aquel entonces muchas horas en los chats de Terra, y entre toda la morralla encontré un tío encantador, divertido, interesante, tocaba el saxo... Todo pintaba muy bien hasta que me dijo que tenía 20 años y vivía en Barcelona. He de decir que por aquel entonces nunca decía que tenía 14, sino 16 -que mucha diferencia no es, pero parecía que te tomaban más en serio-, así que en mi teoría no teníamos tanta diferencia de edad. El chico me contó que iba a hacer un viaje por carretera -lo que ahora parece que no entendemos a menos que lo llamemos road trip...-, iba a recorrer la península con un amigo y le encantaría pasarse por Valladolid a conocerme. Yo encantada, y acojonada, y alegre, y más acojonada todavía. Le conté a mi madre la historia (menos mi mentira sobre la edad) y 'obligó' a mi hermana a acompañarme a la cita y cada vez que quedara con ellos por mi seguridad. El día D quedamos en una céntrica plaza, pero horas antes no se me ocurrió nada mejor que quedar en un bar de la zona con toooodas mis amigas y sentarme en la parte menos accesible de la mesa. Mi hermana fue a buscar a mi cita y al amigo a la plaza, y apareció con ellos. La situación fue bastante extraña, me sentí una cría (porque lo era básicamente), me acabó gustando más el amigo que él, y de cita-cita no tuvo nada porque en ningún momento nos quedamos a solas. Pero guardo un gran recuerdo de aquella última noche que pasé con ellos porque me enamoré. No de él, ni de su amigo, sino de un momento, de la lluvia de estrellas en el cerro desierto, tumbada en el techo del coche y Purple Rain de Prince sonando en los altavoces.

Por suerte o por desgracia no hay una plantilla para citas. Cada primera cita es única e irrepetible, y por más que las deteste por lo nerviosa que me pongo, no dejo de acudir a cada nueva cita con cierta ilusión, porque nunca sabes cuándo encontrarás a esa persona con la que tendrás tu última primera cita...

relación sentimental

Qué me dices, ¿te gustan las primeras citas, tienes recuerdos geniales o ganas de olvidar alguna cita, cuál ha sido la más original que has tenido, qué es lo que menos te gusta de las primeras citas, y lo que más...? Cuéntamelo en los comentarios...

12 comentarios:

  1. AMO las primeras citas, casi con la misma intensidad que las detesto. A pesar de que tengo a montones, disfruto un montón del momento previo de nerviosismo, de analizar las reacciones de la otra persona y determinar si te gusta o no. Me ha encantado lo de la cita a ciegas de verdad, aún debo probarlo, me quedé en la cita a mudas, que también fue épica!
    Besitos guapa, este post me ha encantado!!

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    1. Creo que la relación amor-odio a las primeras citas es parte de la gracia, lo que nos hace tenerlas (masoquismo tal vez). La cita a ciegas fue muy original, una experiencia, aunque lo cierto es que me decanto más por ver a la persona directamente, con una ya me valió. Cuéntame cuando lo pruebes, en las historias de Savage puede tener mucha miga xD

      Besotes.

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  2. ¡Ufff! pues esta vez me toca hacer de aguafiestas porque he tenido pocas primeras citas y, encima, de eso hace siglos.
    Sí que recuerdo los nervios y las conversaciones previas con las amigas sobre lo que nos podíamos encontrar, que eran muy épicas, pero poco más.
    Besico

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    1. Tú encontraste tu última primera cita antes de quemarte entre citas, y también es genial. Ya te contamos nuestras citas María y yo, para que te rías con nosotras, jajajaja. Lo de los nervios creo que, por segura que seas o estés de la cita, es imposible que no acaben apareciendo.

      Besotes.

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  3. Yo he tenido citas, he de reconocer terribles y muchas, pero es verdad que esa emoción de las primeras citas era muy interesante aunque nunca saliesen bien... una vez salí con un chico que tenía una manía muy rara, cuando llegamos al cine resultó que había ideado un plan que usaba siempre, él tenía que sentarse en el asiento pegado al pasillo y su acompañante, en este caso yo, a su lado, de esta manera nunca nadie desconocido se sentaba a su lado... y por favor, si esto era en la primera cita que uno se debe vender de la mejor manera y dar buena impresión, miedo me dio que podía encontrar después... también he pasado por el clásico plantón, a los 16 años exactamente, el chico que por mensajes es muy gracioso y en persona no ves el momento de que pase el tiempo y poder irte... incluso una vez accedí a salir con un chico con el que me concertó una cita mi madre, ella me trajo su teléfono y su Messenger, porque aún no había whatsapp para que hablásemos en un intento desesperado de buscarle novio a su hija jajajaja y que decís de las citas dobles? Tu amiga te presenta al amigo de su nuevo novio... terrible! pero sin embargo mi mejor cita fue sin yo saber que era una cita. Veréis, yo iba a tomar una cañas con un amigo de hace años y él pensaba que era una cita, tiempo después me enamore de mi amigo, cosa que nunca imagine que pasaría, poco cinco años después, yo sigo diciendo que nosotros nunca tuvimos una primera cita y él siempre dice que aquella fue nuestra primera cita.

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    1. Ay, me parto con tu madre, ¡qué genial! Me encanta el final feliz, al final el amor aparece cuando menos lo esperas. Por muchísimos años de felicidad con esa primera no-cita ;)

      Besotes.

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  4. A ver... tuve una que recibi una invitación a escuchar la sinfónica y accedi... sonaba educado lo suficiente... una hora antes me llama que no tiene auto y que lo recoja en su casa. Al fin termine pagando gas del auto, y estacionamiento y los tragos pues dejo su billetera. A la semana queria otra pues disfrutó salir con una chica del siglo xix!! jaja . Pero el tenia pensamiento de sigloxx!!!

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    1. Jajajaja, vaya mala pata. Soy la primera que defiende compartir gastos o invitar si el bolsillo me lo permite y me apetece, pero que te invite a algo y tengas que pagarlo todo... Morro no le faltaba, yo me aseguraría de que comprobara que llevaba la cartera y dinero en ella antes de quedar de nuevo xD

      Besotes y bienvenida al blog!!

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  5. ¡Qué gran post! No me lo he perdido por los pelos, llevaba una semanita fuera por trabajo pero, era fácil de suponer, al revisar la lista de post pendientes vi este título y me llamó la atención :D ¡Menos mal que me paré a leerlo, lo que me hubiera perdido! xD

    Mi peor primera cita fue con una tipa muy miserable que no hacía nada más que llorar por lo mal que le iba en el amor, en el trabajo, en la familia y en España en general. Al rato -para más inri se pone a hablar por teléfono. Como para no marcharse, educadamente que uno no pierde las formas así como así. Quedo pendiente de escribirte más, que me has pillado ocupado justo ahora, no lo dudes.

    Y gracias por la parte que me toca ;)

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    1. Ya pensaba que lo habías obviado, jajaja. Vaya desastre de cita tuvo que ser, no creo que repitieras, no? No te imagino hasta ese punto de masoquismo. Pues ya sabes, te reto a que cuentes alguna de tus primeras citas, en tu blog o en el mío (te hago hueco en un momento).

      Besotes.

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    2. Yo cuando quieras, oye. Será por vergüenza... pero vaya, que no repetí. Ni ella tampoco -la verdad sea dicha- me gustaría saber que piensa ella de aquel día xD

      ¿Obviarte a ti? Ja-más. Lo que pasa es que me veo obligado a volver porque, aunque resulte increíble de creer e imposible de explicar, te prometo que no he tenído tiempo para ponerme a escribir un mail. En serio, que no estoy poniendo excusas cutres xD A ver si mañana, que no veas que estrés cada vez que me suena una alarmita programada con un 'Gwen'. Y ya de paso te pido un número de cuenta para transferencia, que mi paipal está con tarjeta.

      Besos.

      Que no son excusas baratas, leñe, que me creas.

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    3. Pues ya sabes, en el blog te dejo un hueco para cuando quieras hablar de primeras citas, o de lo que gustes, siempre es genial tener otra perspectiva o conocer experiencias diferentes.

      Buaaah, sigo sin recibir el mail... Aunque sé que no te olvidas de mí, jajaja. Besotes.

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...