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20 de junio de 2016

Hazme lo que quieras...

lencería negra


La habitación no estaba muy iluminada, solamente unos tímidos rayos de luz entraban a través de la persiana casi bajada, pero eran suficientes para poder ver su silueta, ahí de pie, vistiéndose. Abrió el cajón y sacó el conjunto de seda negro, ese que era capaz de cortarme la respiración en un segundo. 

- Buenos días -dijo con voz dulce-. ¿Acaso crees que no sé que me estás mirando?

- Ya sabes lo que me gusta ver cómo te vistes, me resultas tremendamente sexy - contesté mientras me desperezaba un poco.

- Date prisa, llegamos tarde y ya sabes cómo es tu familia con estas cosas.

- Se me ocurren cosas mejores que hacer que ir a esa comida -le dije sonriendo.


Por un segundo se quedó quieta. Soltó el sujetador que todavía llevaba en la mano, se dio la vuelta y se aproximó a la cama. Acercó su boca a la mía y tras una breve incursión de su lengua buscando jugar con la mía me dijo suavemente al oído:

- Llegamos tarde -se incorporó sonriendo pícaramente, y no sin antes meter la mano en mi pijama para comprobar si su beso había tenido efectos, se fue a vestir.

- A la orden -contesté. 

Tras una ducha y un desayuno fugaz (teniendo en cuenta que eran las dos de la tarde casi le podríamos llamar vermut) estábamos montados en el coche dirección al restaurante.

- Estás muy guapo con tus vaqueros destrozados y esa camiseta de los Ramones -me dijo. 

- ¿Me estás intentado decir que no voy apropiado para una comida familiar? -le pregunté importándome poco o nada cual fuera la respuesta.

- ¡Que va, nada de eso! Simplemente me pone muy cachonda cuando te veo así, con barba de una semana y vestido como si salieras de un after rockero.

- Todavía estamos a tiempo -le contesté-, les digo a mis padres que estamos enfermos en la cama y listo.

- Jajajaja. Otro día, hoy me apetece verlos.

- Y a mí me apetece follarte - le contesté con las gafas de sol a la altura de la nariz. 

- Es evidente -dijo poniendo su mano en mi entrepierna-. Relájate si no quieres llamar la atención al entrar al restaurante -dijo esbozando una sonrisa.

La comida transcurrió como era de esperar, sin sobresaltos ni grandes sorpresas. La verdad es que yo tenía la cabeza en otro sitio, para ser más exactos en la entrepierna de Leticia. Tras una sobremesa excesiva para mí, se dio por concluida la comida y todo el mundo se fue para su casa. 

- ¿Has comido bien? -le pregunté en el coche de camino a casa.

- Sí, pero he bebido mejor. Ese vino que pide siempre tu padre es de puta madre- dijo con una risita tonta-. Siento que tengas que conducir, otro día me quedo yo en dique seco ¿ok?

- Acepto tu oferta -contesté.

Metimos el coche en el garaje y de camino al ascensor se abalanzó sobre mí. Comenzó a besarme suavemente, notando como su aliento dulzón a causa del alcohol invadía cada rincón de mi boca. Yo le correspondí de la misma manera, dándole unos mordiscos por el cuello hasta notar que su respiración empezaba a acelerarse.

- ¿Soy yo o es el vino el que te sube la temperatura? -le pregunté maliciosamente.

- Hay un poco de todo -contestó mientras buscaba las llaves.

- ¿Podrías preparar dos copas? -me dijo al entrar en casa-. Ya no tienes que conducir, ¿te apetece?

- De acuerdo, marchando dos gintonics especiales -contesté.

Sabía de sobra que me gustaba tomarme mi tiempo preparando las copas, no sé, manías que tiene uno. Mientras exprimía los limones, comencé a escuchar los acordes de "I belong to you" de Lenny Kravitz y una sonrisa se esbozó en mi cara. Era una canción muy especial y sabía que algo maravilloso encontraría en el salón al acercarme con las copas.


Desde luego no estaba equivocado.  Ahí estaba ella, de rodillas en mitad del salón. Se había desnudado y solo llevaba puesto ese conjunto de seda negro con el que me había tentado por la mañana, unas medias y sus botas de cuero y cremalleras. Me encantaba ese punto macarra que tenía cuando quería. Sus nalgas se apoyaban en sus talones realzando la curva que unía su espalda y su culo. Nada más entrar me miró fijamente y tendiéndome una mano, donde guardaba una cinta de seda y unas esposas, me susurro:

- Hazme lo que quieras.

En un segundo sentí que mi polla iba a explotar. Era lo que había deseado todo el día y ahora sabía que ella  también. Incluso esta mañana, mientras se vestía, tenía pensado ofrecerme su cuerpo para que hiciera con ella todo lo que se me antojase. Me acerqué a ella, cogí la cinta de seda y suavemente la coloqué sobre sus ojos. Podía notar como su respiración iba en aumento, cada vez más entrecortada. Me situé detrás de ella, enredé su melena en mi mano  y le di un suave tirón. Su cuello quedó al descubierto y aproveché para lamerlo lentamente. Podía notar como su cuerpo desprendía cada vez más calor, lo cual hacía que mi excitación fuera en aumento, deseaba comenzar a follarla sin esperar un segundo, pero la oferta había sido muy clara. 

- Hazme lo que quieras.

Busqué una de sus manos mientras seguía mordisqueando su cuello, la acerqué a su boca que estaba entreabierta y metí dos de sus dedos en ella. Su lengua comenzó a jugar con ellos lentamente, humedeciéndolos. 

- Juega con ellos -le dije suavemente al oído.

Un leve gemido salió de su garganta mientras los dedos acariciaban sus labios. Lentamente desabroché su sujetador dejando al descubierto sus tetas y sus pezones totalmente duros. Cogí su mano y la puse sobre uno de sus pechos, no tardó en empezar a jugar con él, masajeándolo y pellizcando el pezón. Su cuerpo estaba más tenso por momentos. 

- Quiero ver cómo te acaricias el coño -le dije suavemente al oído.

Tomé su mano, la llevé nuevamente a su boca y tras dos lametones se la acompañé hasta su entrepierna. Puede notar el calor y la humedad que transpiraba a través de su ropa interior.  Comenzó a acariciarse cada vez más deprisa mientras unos furtivos gemidos escapaban de su boca.  Me separé de ella, no quería que notara mi presencia, quería que supiera que estaba mirándola, disfrutando de ver cómo se masturbaba para mí.  Sabía perfectamente que yo estaría acariciándome la polla y eso le gustaba, le ponía cada vez más. Su cuerpo se agitaba con ligeros espasmos y su boca entreabierta era una clara invitación. Me estaba pidiendo a gritos que le diera lo que quería. Tras unos minutos viendo cómo se acariciaba el clítoris me acerqué a ella y metí mi polla en su boca de una embestida. Un sonoro gemido de placer salió de su garganta y al instante se quitó la venda de los ojos. Sabía que me encantaba que me mirara mientras me comía la polla. Estaba muy cachonda y mientras con una mano seguía masturbándose, con la otra tenía agarrada mi verga dando buena cuenta de ella. Su lengua jugaba con mi capullo incansablemente y sus ojos reflejaban un placer absoluto. Mi cuerpo se estremecía en cada lametazo que le daba a mi miembro. No sabía cuánto rato más podría aguantar, tenía esa magia en la boca que podía hacer que me corriera cuando ella quisiera. No lo hizo, quería que esto durara mucho más y yo estaba dispuesto a que así fuera. Tras un buen rato de placer sin límites, saqué mi polla de su boca para intentar recostarla en el suelo. Era mi turno.

- Quiero más polla -me susurró entrecortadamente.

- Y yo voy a hacerte lo que quiera. Voy a comerte el coño –contesté.

No opuso ningún tipo de resistencia, se recostó en el suelo y abrió las piernas para mí. La visión era deliciosa, tenía delante ese coño que tantas veces había comido y que tanto me gustaba lamer. Mordisqueé lentamente sus piernas poco a poco, subiendo despacio, alternando besos y mordiscos. Yo sabía de sobra que le encantaba, ese juego de placer y dolor hacía que su entrepierna estuviera cada vez más mojada.

Cuando mi lengua tocó sus labios mojados, su espalda se arqueó suavemente sobre el suelo. Estaba realmente cachonda y eso me resultaba tan delicioso...

Su clítoris estaba hinchado, completamente deseoso de que jugara con él. Comencé a lamérselo, primero despacio y luego rápido, en círculos, para los lados. Sabía leer sus señales, sus movimientos. Ella me mostraba el camino, sólo tenía que seguir la senda. Su respiración se hizo cada vez más entrecortada, sus gemidos más intensos y sus espasmos más continuos. Mi lengua estaba empapada en su flujo, lo que hacía que mi polla siguiera estando igual de dura que al principio. De repente dejó de respirar, me agarró del pelo y me apretó la boca contra su coño empapado.

- Diossssssssss -dijo mientras se agarraba las tetas y se pellizcaba los pezones-. ¡Me corrooo!

tapar ojos sexo

Un increíble gemido salió de lo más profundo de su cuerpo, que por ese momento se estremecía a merced de un orgasmo brutal. Yo seguía con mi boca en su entrepierna, lamiéndole el coño hasta que ella dijera basta rendida por el placer. Sus piernas se tensaron, dos espasmos sacudieron su cuerpo y tras unos segundos el aire volvió a sus pulmones. El ritmo de mi lengua bajó de intensidad hasta parar.

Se tapaba los ojos con las manos mientras susurraba:

- Joder, joder, joder, ¡pensaba que me moría!

Pasé la lengua por mis labios, no quería dejar nada por saborear, y ascendí lentamente hasta su boca para besarla. Mientras me entretenía con sus pezones todavía erectos me volvió a susurrar suavemente...

- Hazme lo que quieras, otra vez. 

Al instante, mi mente fue invadida por mil pequeños y oscuros deseos. Tenía unas ganas locas de ponerla a cuatro patas delante de mí. Me encantaba su culo. Casi se puede decir que lo idolatraba. Se lo había dicho una y mil veces, y follármelo así era algo a lo que no podía resistirme. 

- Quiero follarte como una perra -le dije al oído.

Ella se giró, apoyó las rodillas, curvó su espalda y dejó ante mí esa maravilla. Giró la cabeza y con una mirada que me estremeció me dijo otra vez:

- Hazme lo que quieras…

Mi polla apuntaba directamente a su coño, que me esperaba completamente mojado. Empecé a jugar con sus labios mientras ella movía la cadera, y de un golpe brusco lanzó su culo contra mi polla haciendo que entrara hasta el final, arrancándome un brusco gemido. 

- ¿Quieres correrte? -me preguntó mirándome a los ojos lascivamente.

- Claro que sí, haz que me corra -le contesté casi sin respiración.

Comenzó a mover su culo en círculos, como si dibujara el jodido abecedario en el aire, a la vez que contraía su vagina apretando mi capullo. Un placer increíble se adueñó de mi cuerpo y poco a poco noté como subía desde mis pies en dirección a mi polla un puto volcán. Sus ojos estaban clavados en los míos, controlando el momento exacto de mi orgasmo. Apretó su coño un poco más y mi verga no pudo soportar tanto placer, explotando de una forma increíble. Durante unos segundos perdí hasta la noción del tiempo, un escalofrío recorrió mi cuerpo provocando una ola de placer como nunca había tenido, era como si una manada de elefantes tuvieran que salir por la punta de mi polla.

Ella no se rendía, seguía contrayendo su vagina haciendo que el placer fuera en aumento haciéndose casi insoportable. En un arrebato saqué la polla de su coño y parte de mi corrida cayó sobre sus nalgas. 

Extasiado me tumbé a su lado, con las pulsaciones a 200 por minuto e intentando recuperarme.

- ¿Te encuentras bien? -me preguntó sonriendo.

- Creo que necesito ese gintonic urgentemente -le contesté.

Ella se rió y me acercó uno de los vasos. Los acabamos en dos tragos y nos tumbamos en el suelo intentando que nuestras constantes vitales volvieran a la normalidad.

Mientras tanto, Lenny Kravitz seguía recitándonos su mantra, "I belong to you and you, you belong to me too".  

Tras un rato de caricias, besos y mordiscos nuestras miradas se cruzaron. La complicidad que había en ella no necesitaba nada más. En ese jodido momento el mundo se nos quedaba muy pequeño, los dos lo sabíamos.

Me incorporé, busqué la cinta de seda y las esposas. Coloqué esta primera en mis ojos y antes de que todo se volviera negro pude ver como llevaba dos de sus dedos a la boca.

- Dilo -me dijo ella.

Mientras le ofrecía las esposas con los ojos vendados le contesté suavemente.

- Hazme lo que quieras…


Relato enviado por Kujo.


Envía el tuyo, aquí te cuento cómo...

8 comentarios:

  1. Bueno, bueno... vaya fichaje has hecho Gwen!! Que quieres que te diga... cachonda perdida...

    Enhorabuena Kujo! Por mi... me puedes hacer lo quieras ;-)

    Besitosss a ambos!

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    1. Ya sabes, intento rodearme de lo mejor de lo mejor, y no iba a ser menos con los colaboradores del blog ;)

      Besotes.

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    2. Me alegra que te haya gustado el relato Maria. Ah, gracias por tu invitacion...jejeje.
      Por supuesto agradecer también a Gwen que lo publicara. Espero seguir leyéndonos por aqui. Besos...

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    3. Cuando el material es bueno... ;)

      Besotes

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  2. Uuuuffff!! Veo que tienes muy buen gusto a la hora de elegir colaboradores...
    No te puedo decir lo que María ha dicho ya porque como lo lea mi esclavo informático me quedo sin canal de Youtube y sin soporte técnico para el blog. Pero sigue con las colaboraciones Kujo.
    Besico para ambos.

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    1. Ya lo sabes, me gusta rodearme y crear proyectos con gente top. Cuidado con los esclavos informáticos, que con menos y nada se sublevan y te dejan con el culo al aire, jajaja.

      Algo me dice que no será la última colaboración de Kujo... ;)

      Besotes.

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  3. No le podrías decir a Kujo que publique uno de estos por semana?? Vaya tela... Chapeau!

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    1. Jajajaja, es bueno el relato, ¿¿verdad?? Kujo volverá, no lo dudes, solo se está haciendo un poco de rogar ;)

      Besotes.

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...