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11 de mayo de 2016

Nos vemos pronto, en tus sueños... (Con Zar)

Giuseppe Cristiano
Ilustración de Giuseppe Cristiano

Cuando Dani salió de mi vida -o le cerré la puerta muy a su pesar- conocí a Fas, de quien te hablé hace un tiempo. Como era lógico tras esa catástrofe, pasé página rápidamente. Por aquel entonces tenía un vertedero blog que abandoné hace años, y entre quienes más comentaban había un zaragozano 13 años mayor que yo que aprovechaba cada mínima oportunidad para meter ficha.

Con el tiempo empezamos a hablar por Messenger, a pasar horas intercambiando opiniones y echando risas. Llegó el día que dijo que vendría a verme a Valladolid, para ponernos cara al fin y poder pasar un rato juntos.

Todo pintaba muy bien hasta que investigué un poco por internet y di con una foto. Su estructura ósea, su cuerpo y hasta su aura habían rehuido el roce con el atractivo, crucé los dedos por haberme equivocado de persona y que no fuera él.

Pero lo era... 

Estación de trenes, veo bajar del tren a Zar y por un momento pienso en hacerme la loca y escaparme, pero es inútil dado que sabe mi blog, mi teléfono, y conoce también del blog a mi hermana que espera en el andén conmigo. No hay escapatoria, eso te pasa por gilipollas Gwen...

No se trata de que tuviera que ser un adonis aragonés pero, ¿era tanto pedir que fuera agradable de mirar? Parece ser que sí...

Pasamos juntos un día y poco. Conoció la casa de mi hermana donde la perra que nunca ladra a nadie le ladró a él. Jugamos con mi sobrino y seguía buscando rutas de escape imaginario. Dimos una vuelta y no sabía dónde meterme. Cenamos y daba cosa verle comer. Al día siguiente le haría de guía por la ciudad, y si ya me jode madrugar, hacerlo para pasear a Gargamel me tocaba los cojones.

Jamás se habrá enseñado una ciudad a pie tan rápido como lo hice aquella mañana. Hubiera tardado menos si le hubiera dado un taco de folletos, pero ya sabes, tenía que hacer el papelón de la buena anfitriona. Tras el paseo exprés fuimos a comer a uno de los lugares más típicos y mientras compartíamos unas raciones y yo hablaba, él mantenía clavada su mirada en la mía por encima de sus gafas, una mirada inquietante, de las que no te gustaría encontrarte en un callejón oscuro o en el asiento de al lado del transporte público.

No llevaba ni 24 horas en la ciudad y ya tenía ganas de sacarle los ojos a ver si dejaba de mirarme así. Me perturbaba esa manera de observarme, con esos ojos entre vacíos y psicóticos, como intentando absorberme el alma.

Por la noche pensé que si nos íbamos de bares y con unas cervezas aquello sería más llevadero hasta su partida al día siguiente. Fuimos a las zonas por las que solía salir con mis amigos y en las que casualmente él pasaría más desapercibido. Unos botellines, alguna risa forzada y mi mirada intentando hallar alguien conocido que sirviera de amortiguador. Por desgracia era el peor fin de semana para encontrarse a alguien, sobre todo a mis amigos, casi todos emparejados.

¿A quién se le ocurre ir a conocer a alguien por primera vez el fin de semana de San Valentín? Debería estar prohibido por ley joder...

relax

Último bar y ya con la cosa de que en pocas horas podría librarme de él. Hasta las cejas de cerveza, pero -muy a mi pesar- totalmente consciente de mis actos, mis palabras dieron a entender que bueno, ya que estábamos ahí y era San Valentín, que porque no ponernos más tiernos... Sí, lo sé, soy gilipollas, pero una gilipollas a la que a veces le ataca el demonio de la subida de glucosa y hace mierdas como estas.

Y con el beso más mal dado de la historia de mis labios se inauguró el final de la noche. Ya no solo tenía sus ojos clavándose en los míos, sino su lengua lamiendo la mía y su pelo -que tenía mucho más largo que yo por aquel entonces- metiéndoseme en la boca (puagh). Vaya cuadro. Ojalá viajar al pasado y abofetearme por la simple ocurrencia de darle bola y tontear con él online.

Ahí ya no había nada más que rascar, quería irme a mi casa y olvidar lo ocurrido y con ello mi arrastrada de San Valentin. De camino a su hotel mi gen juguetón le fue empotrando por los portales para morrearle, y de veras, sigo sin entender porqué hice eso, pero lo hice. La necesidad de jugar, esa adicción de calentar por mero entretenimiento, qué se yo. Nunca había visto a un tío tan soso, cualquiera en su situación (al menos cualquiera de los hombres con los que he tenido algo) me habría empotrado él a mí, habría metido mano o al menos hecho el amago. Pero no, él no hizo nada de eso.

Y cuando llegamos a la puerta de su hotel me dijo 'perdona que no te invite a subir, pero no quiero ir deprisa', con lo que flipé durante unos segundos. No quería subir a su habitación, si los morreos habían sido así, ¿cómo de terrible sería el sexo? Pero, ¿ir deprisa? Tengo claro que si algún momento tuvo alguna oportunidad de llevarme a la cama, por ínfima que ésta fuera, fue en ese instante, ni de coña me volvería a meter en ese berenjenal de nuevo. Todavía hoy desconozco si me molestó más que pensara que quería subir, o que no me diera la oportunidad de rechazar hacerlo

Me despedí con una sonrisa, un 'nos vemos pronto (en tus sueños)' y gran alivio, pillé un taxi y fui libre al fin, excepto por ese recuerdo de sus besos que me abrumó durante unos días. Desde entonces me pienso muy mucho a qué posible conquista desvirtúo, odiaría encontrarme en una igual.

Y tú, ¿has tenido alguna cita que desearas borrar de tu mente, has ido a una ciudad distinta o alguien ha ido a la tuya para conoceros, algún San Valentín te ha pillado con las defensas bajas y te has lanzado aún sabiendo que te arrepentirías, sueles ligar online...? Cuéntamelo en los comentarios...

4 comentarios:

  1. Jajaja, mira, ya que lo preguntas, sí, hace siglos quedamos con unos chicos que habíamos conocido por un chat de esos que se llevaban hace muuuuuchos años.
    El caso es que se un par de amigas y yo quedamos con otros tres chicos. Teníamos un plan B por si la cosa no era lo que esperábamos y era que una amiga me llamase por teléfono haciéndose pasar por mi madre y castigándome por salir sin permiso... Todo muy patético, lo sé, pero realmente hubo que tirar del comodín de la llamada y se me da fatal mentir, creo que lo vieron venir en el mismo momento que descolgué el móvil.
    No les volvimos a ver, por suerte.
    Besico

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    1. Pero oye, quedan unas anécdotas interesantes, jajajaja, que no todo iba a ser malo. Ay, esos tiempos de chats...

      Besotes.

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  2. JAJAJAJAJAJ me descojono!!!!! Por un momento pensé que me estabas plagiando!!!! Pero no, porque tuve una historia igualita que aún no he publicado, así que cuando la escriba te reirás de las similitudes y la plagiadora seré yo!

    En mi caso era un portugués que vino desde Lisboa a verme a Barcelona y casi muero del horror cuando fui a recogerlo al aeropuerto jajaja

    Me encantan estos posts, son mis preferidos de tu blog!!

    Besitossss

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    1. Jajajajaja, nunca plagio, en tal caso me inspiro xD Pero si no lo has publicado difícil, todavía no te puedo leer la mente, jajaja.

      Puuf, eso sí que fue un señor viaje, vamos, que hay que estar muy seguro para cruzar la península entera. Por lo que veo será jugosa la historia, tengo ganas de leerla.

      La vida real parece ser mucho más surrealista ;)

      Besotes.

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...