-

10 de febrero de 2016

El día que improvisé una mazmorra 2

Bondage principiantes

La excitación y el orgullo me poseían a partes iguales. Si bien es cierto que después de haberle hecho disfrutar de aquella manera me daba por satisfecha, cuando empezó a acariciarme los pezones mientras me decía lo que le gustaban, mi mente empezó a imaginar sus manos recorriéndome, y no me contuve...

'Estoy tan cachonda... No me importaría que jugaras conmigo'.

No hizo falta más, y es que cuando las cosas están claras no es necesario hacer interpretaciones. Quería que me hiciera disfrutar, no sólo por las ganas que tenía de liberar toda esa tensión que acumulaba entre las piernas, sino porque deseaba que me hiciera suya, que pusiera en práctica ese juego de dominación que había empezado yo.

Siguiendo sus instrucciones me tumbé en la cama, aún vestida, y me coloqué el antifaz. Aquello iba a empezar, y los nervios se apoderaron de mí. No porque no confiara en él, extrañamente es en el que más confío en esas lides, sino porque me cuesta ceder todo el control, no saber qué ocurriría, qué juguete sacaría del arsenal, cómo lo emplearía, dónde estarían sus manos o su boca durante el proceso... No ver era lo que más intriga me provocaba, y lo que a la larga más acabó excitándome.

Empezó acariciándome, mezclando sus manos y labios en el proceso, recorriendo cada parte expuesta de mi cuerpo mientras la incertidumbre mojaba más mis bragas. Desabrochó el sujetador y jugó con mis pezones. No sé qué tiene que con un simple roce consigue tantas reacciones, como si mis nervios transmitieran las señales que él provoca con mucha más diligencia de lo normal, más intensas, más profundas, más eróticas.

Lo siguiente en desaparecer fue mi pantalón. Muy suavemente tiró de él, desmoldándome como si de su magdalena favorita se tratara, sólo las bragas se interponían entre su juego y mi flujo, el abundante flujo que ya inundaba mi coño. Empezó a pasear la rueda Wartenberg por todo mi cuerpo, lentamente, entreteniéndose más en algunos rincones, haciendo que su roce creara pequeños gemidos en mi garganta. Los pezones disfrutaron de aquellos pinchos clavándose levemente, poniéndose duros, expectantes. La rueda seguía por mi vientre, acercándose a la ingle, bajando por las piernas, recorriendo el empeine y volviendo a subir. Varios paseos más, y se posó sobre mi pubis, rodando hacia abajo. Aún sobre las bragas se deleitó recorriendo mi coño con ella, mientras mi cuerpo se estremecía, ansioso por recibirlo todo.

Con gran delicadeza sus manos deslizaron mis bragas hasta hacerlas acabar en el suelo, completamente húmedas. Mis piernas se vieron entonces tentadas a abrirse un poco más, pidiendo sin palabras que subiera la intensidad, me desesperaba provocándome tantas sensaciones sin poder controlar ninguna de ellas. Hasta que no posaba una parte en mí, ya fueran sus manos o sus labios, no sabía cuál sería la elegida, entonces notaba su respiración contra mi piel cuando se acercaba, el calor que despedía, y deseaba todo el contacto que pudiera darme.

Me lamía y mordía los labios, en parte excitación, en parte desesperación. Le busqué con las manos y cuando por fin le rocé me frenó, 'sin tocar nada...'. Me la estaba devolviendo, no había duda, y me gustaba la idea. Sus manos, sus besos, su lengua, el juego que Wartenberg y él se traían con mi cuerpo me provocaba escalofríos. Los pinchos, guiados por su mano, se internaron entre mis piernas, acariciando el pubis, el interior de los muslos, las ingles, los labios, el clítoris... ¡Qué excitante era sentir tan tenue caricia en una zona tan húmeda y receptiva!

Me deshacía por sentir más, nunca había estado en esa situación, aislada de mis ojos, sintiendo cada caricia como si estuviera fabricada a medida, todo era más. Más erótico, más excitante, más dulce, más profundo, más agradable, más... ¿Era ceder todo el poder lo que me tenía tan excitada, la privación sensorial, lo que me hacía y cómo...? Lo más probable es que fuera la suma de todos los factores los que me tuvieran derritiéndome por el coño, ansiando más.
Sin dejar de rozarme con sus dedos empezó a trastear en el cajón de los juguetes. Ni falta que hacía, a estas alturas sobre todo, lubricante alguno; a pesar de ello humedeció más mi coño con lubricante efecto frescor, y el cosquilleo sumado a toda la tensión sexual que acrecentaba por momentos me provocó un espasmo, seguido de varios más de menor intensidad. En mi mente se dibujaban sus dedos acariciando el clítoris y follándome, con las ganas de sentirlo y el calentón del momento casi pude notar cómo me penetraba, aunque realmente sus manos divagaban por mi cuerpo, haciendo que deseara hasta la locura que me diera lo que quería.

Hum, ¿qué juguete elegiría, qué artefacto sería el primero en internarse en mi interior...? La incertidumbre era inmensa, jugaba a adivinar por el tacto en mi piel de qué juguete se trataba. Empezó a jugar en mi interior con un dildo doble, el extremo vaginal no más grueso que dos dedos, y el extremo anal una serie de bolas con un diámetro similar al plug que había usado con él. Con el juguete entrando y saliendo de mi interior su mano acariciaba mi clítoris, acercaba sus labios y besaba mis ingles, aportando ese calor que intensificaba mi placer.

Varias veces ascendió a visitar mis labios y mis pezones, y yo disfrutaba y dejaba que me disfrutara. No recuerdo unos preliminares que haya gozado más, la expectación, el jugueteo, las sensaciones incrementadas, la confianza...

El dildo doble dio paso a una de las últimas adquisiciones, todavía sin probar. Un toque de lubricante y el nuevo y reluciente Lelo Ina Wave se internó en mi coño, mmm, un escalofrío me recorrió, parecía difícil provocar nuevas sensaciones a esas alturas, pero está visto que no era imposible. Mientras el juguete se movía en mi interior acariciándome cuales dedos habilidosos, un dedo suyo se internó en mi ano. ¿Qué más podía pedir en ese momento?

No hizo falta pedirlo, nunca hace falta con él, su lengua se acercó a mi clítoris y comenzó a lamerlo suavemente. Desnuda sobre la cama, con las piernas abiertas, el coño lleno, el ano ocupado, su lengua jugueteando, los ojos tapados, y mis manos aferrándose la una a la otra... '¡Ojalá no acabara nunca!', pensé. Me estremecía con sus movimientos, gimiendo, ondeando el cuerpo con la cadencia del vibrador, imaginando desde fuera la visión de su habilidad haciéndome suya y mi sumisión consciente.

Con el clítoris a punto de estallar contraje la vagina, sintiendo así la vibración más intensa, arqueé la espalda haciendo presión sobre el culo, me permití acariciar su pelo mientras su lengua trabajaba incesante, y sin apenas articular un 'me...me co...corr...me corrooo', me corrí.

La sonrisa llenó mi cara a la vez que intentaba recuperar un ritmo normal de respiración, agitada tras semejante experiencia. El cuerpo se relajaba paulatinamente, el coño todavía me vibraba aún sin juguete y el clítoris replicaba la sensación de su lengua sobre él. ¡Madredelamorhermoso!

Me incorporé y me senté de rodillas sobre la cama, besándolo como muestra de gratitud. Me incliné hacia delante, todavía recuperando el resuello, quedando con el culo en pompa. Se levantó de la cama y empezó a acariciarme la espalda, el culo, el coño, a besarme cada parte a su alcance en tan provocadora postura. Sus dedos entraron en mi coño, humedeciendo después el clítoris con ellos, lo siguiente en entrar en mí fue su polla.

cuatro patas

Despacio primero, con mi espalda arqueándose instintivamente y sus manos aferrándose a mis caderas, a mis hombros, como reteniéndome. Las embestidas aumentaban en intensidad, 'debería irme, es tarde' dijo y comencé a masturbarme. Tenía que irse, pero se iba a llevar mi segundo orgasmo sí o sí. Dejó de follarme, 'sí, mastúrbate, me gusta ver cómo lo haces' comentó, internando sus dedos en mi coño sin cesar hasta tenerme a punto de estallar de nuevo. Clavando su polla otra vez, follándome mientras yo frotaba el clítoris, elevando involuntariamente las pantorrillas con los pies totalmente tensos, hincándome en el colchón, me corrí nuevamente.

Qué bonito es confiar en alguien tanto como para darle el control absoluto de tu placer...

Más bonito todavía cuando ese alguien no sabe lo que es el egoísmo y su prioridad es hacerte disfrutar, hacerte gemir, hacerte correr y ver las estrellas en cada beso. Aunque tras follarte tenga que guardársela dura y marchar, te sabe satisfecha y es lo que importa en ese momento. El beso de despedida, de agradecimiento por tan buena sesión, se hace breve, pero es que junto a esos labios el tiempo vuela, dejándome siempre con hambre de más.

Una experiencia, en todo su conjunto, de lo más excitante. Y es que no hay nada como probar cosas nuevas cuando lo haces con confianza y naturalidad. Disfrutar del sexo es lo que importa, la vergüenza se va cayendo con el uso y la imaginación se alimenta de experiencias. Da de comer a tu imaginación, déjate llevar, prueba cosas nuevas, y disfruta siempre con lo que hagas.

Dime, ¿has tenido alguna experiencia similar, te ha costado meterte en un juego de rol, alguna fantasía por cumplir, alguna que no haya salido como esperabas...? Cuéntamelo en los comentarios...

4 comentarios:

  1. ¡Uff! Madre mía, menuda experiencia...
    Me voy a comprar la ruedecita esa, ¡a la de ya!
    Por lo que he leído, creo que este tipo de sesiones se van a repetir más veces y, abusando un poco más de mi sexto sentido, algo me dice que tras leer este post, mucha gente se va a animar a experimentar...
    Besicos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te recomiendo la rueda Wartenberg, la compré en un arrebato sin saber muy bien si merecería la pena, pero a la vista está que la vale totalmente.
      Ya iremos viendo si se repiten, pero es probable. ¡Ojalá sirva para que mucha gente se anime a experimentar! No tiene que ser con esto en concreto, con que se atrevan a innovar en el sexo me doy por satisfecha.
      Besotes.

      Eliminar
  2. Me encanta esta frase "Qué bonito es confiar en alguien tanto como para darle el control absoluto de tu placer..."

    sin duda como bien dice Mary Asexora quien no va animarse después de esta gran lectura?

    Besos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que es el culmen de la confianza en la cama, que la otra persona se haga responsable de tu placer y no defraude.

      Eso espero, que remueva las ganas por probar cosas nuevas y de ese empujoncito que a veces falta.

      Gracias por pasarte! Besotes.

      Eliminar

Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...