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12 de agosto de 2015

Perdona, ¿tienes fuego? (Con Zatan)

chica sola en la barra del bar

El año nuevo traía novedades a la par que se llevaba mi virgo. Pero perder la virginidad con Samo no sería lo único que el 2005 me tenía preparado.

Poco después de nochevieja y su caliente desenlace diurno en mi cama, Samo y yo hablamos. No estaba pasando un buen momento, y terminó diciéndome que tenía que dejarlo todo, incluido lo nuestro, para aclararse las ideas.

Mentiría si dijera que recuerdo cómo me lo tomé, pero apostaría por una mezcla de ira, resignación y empatía. No había mucho más. Aquello, nuestra historia, podría continuar o no, pero tenía que seguir con mi vida.

Llegó finales de febrero o principios de marzo -mi memoria es buena, pero no perfecta-. Por aquel entonces anhelaba tener pareja, como si fuera lo único que pudiera hacerme sonreír y quitar, al menos parte, de la gran carga emocional que tanto pesaba en mis hombros.

Una noche de fiesta con los amigos, como cualquier otra, me agarré un buen pedo. Pero esta vez, en lugar de darme por las risas, me dio por la introspección, el hastío y la depresión -toda una fiesta-, dejándome sentada en la barra del bar fumando y bebiendo cerveza mientras mis amigos lo pasaban bien.

A veces se hacía difícil salir con parejas, amigos en transición y otros a los que parecía no importarles si caía alguien esa noche o ese año. Y se hacía difícil porque yo deseaba un novio, alguien 'mío', que me hiciera sentir todo lo que tantas y tantas veces había expresado en mis deprimentes diarios y noches apagadas.

Con la borrachera que llevaba encima, el bajón emocional y lo 'forever alone' que parecía en aquella silla todavía no se ni porqué se acercó a mí. Pidiéndome fuego, sí, pero se acercó.

Con el cigarro ya prendido se presentó. Zatan se llamaba. Dos besos, una ronda y un acercamiento de silla después manteníamos una animada conversación, o eso me pareció, no le pidas tanto a mi ebrio recuerdo de esa charla.

El chico no era nada del otro mundo, pero ya tenía muchos puntos, estaba ahí y hablaba conmigo. ¿Qué? ¿Crees que con el bajón que tenía necesitaba mucho más? Ya me prestaba más atención que el resto del bar, incluidos mis amigos.

ligando en la barra del bar

La conversación prosiguió hasta que sus labios se lanzaron a los míos. Con todo lo que había bebido había emborrachado a la reina cobra, dejándola fuera de servicio; así que no hubo nada que me frenará, acabando con su lengua en mi boca. No sé si el beso me gustó, solo que me daba igual, me estaban besando, ¿qué importaba lo demás?

Llegó la hora de retirarme para coger el bus nocturno y amablemente se ofreció a acompañarme. Antes de irme me pidió el teléfono, me besó y se despidió. No caí en pedirle yo también el teléfono,  supongo que pensando que todo se quedaría en lo ocurrido esa noche.

Me equivocaba.

Un par de días después mi teléfono sonaba mostrando un número que no conocía. Era él. Zatan me estaba llamando. Reconozco que me puse nerviosa -lo soy, soy muy nerviosa, pero me puse más de lo habitual -, descolgué y ahí estaba, cuándo ya creía que no volvería a saber más de él, su voz al otro lado del teléfono.

Quedamos en volver a vernos el fin de semana, cuando volviera a la ciudad, pues trabajaba fuera. No obstante, el resto de la semana seguimos hablando por teléfono.

Viernes por la tarde, quedé con mis amigos, y con él en vernos allí en el bar más tarde. Risas, cotilleos sobre el chico que me había comido la boca el finde pasado y con el que había desaparecido, cervezas y más risas. Cuando vino le presenté a todos, y tengo el vago recuerdo de Zatan hablando a solas con mi mejor amigo, aunque no pondría la mano en el fuego por eso último.

De lo que sí estoy segura es de que más tarde se acercó a mí, junto a la mesa llena de amigos míos, me tomó de las manos, me miró a los ojos y dijo...

'¿Quieres salir conmigo?'

El silencio se hizo a nuestro alrededor. Mentalmente repetía la pregunta en eco 'salir conmigo, salir conmigo...'. ¿Pero qué coño? No hacía ni una semana que nos habíamos conocido, habíamos hablado por teléfono casi toda la semana, sí, pero de banalidades, apenas sabíamos nada el uno del otro. ¿Qué mierda de pregunta era esa? ¿Realmente me lo planteaba, a pesar de haber deseado tanto un novio? ¿Estaba pasando de verdad, o eran imaginaciones mías? ¿Estamos tontos?

'Sí, vale' respondí.
imagen con texto ¿Estamos tontos?

Sí, lo estamos. Tontos era poco, quizá retrasados era más apropiado. ¿Acababa de empezar a salir con un tío que conocía no hacía una semana, que vivía fuera y que sólo vería los findes que no tuviera guardia? Sí, sin duda. Acababa de pasar. ¿Tan desesperada estaba? ¡Ya ves que sí...!

Continuará...

4 comentarios:

  1. Jajaja, lo sorprendente no es que le dijeras que si, sino que hoy día te pidiera salir.
    Ten en cuenta que habrá alguien que lo considere muy romántico.
    Besos.

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    1. Es cierto, puede tener una lectura romántica, y supongo que en el momento me lo pareció, aunque ahora mi reacción hubiera sido 'WTF?!?!?'
      Besotes

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  2. jajaja aquellos tiempos en los que aún pedían salir... si alguien me lo pidiera hoy, acepto sin dudarlo, solo por haber encontrado al hombre "único e irrepetible"!!!

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    1. Jajajajaja, yo no creo que volviera a caer en una de esas, al menos no con un tiempo prudencial entre conocerse y la proposición. Hay que aprender de los errores...
      Besotes.

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...