-

29 de julio de 2015

Estrenando el año...(Con Samo)

avivar la llama de la pasión

La llama, mi mejor enemiga, me tenía de nuevo atrapada, si es que alguna vez me liberó; y con la llama luciendo con fuerza, llegó la nochevieja.

Toda la historia con Samo se había enfriado tras aquella conversación en mi portal. Intentamos ser amigos sin ese roce que acabó metiéndome en el berenjenal, pero era difícil volver a la 'normalidad'. Tenía la impresión, o quizá la extraña sensación, de que no habíamos acabado.

La nochevieja de 2004/2005 me quedé sola en casa. Aprovechando la ocasión organicé una pequeña fiesta con esos amigos que no pasarían la noche en un hotel con sus parejas. 6 personas incluyendo a Samo, su novia y una servidora.

Los recuerdos de la fiesta si bien son buenos, muy buenos, también son un poco difusos tanto tiempo después. Recuerdo las risas, recuerdo el alcohol, los juegos de mesa, a un amigo borracho abrazado a la cisterna del váter intentando arreglarla mientras yo me reía sentada en el suelo del baño viéndole, las miradas de mi amiga cuando la novia de Samo marchó, el CD recopilatorio que trajo otro amigo que aún guardo...

Pero lo que más claro recuerdo es lo que ocurrió cuando el día -y el año nuevo- comenzaba a clarear por el horizonte. El fontanero borracho estaba durmiéndola en mi cama cuando dos invitados más abandonaron la fiesta. Allí nos quedamos Samo y yo viendo la tele, hablando, echando unas risas y tonteando.

El tonteo dejó paso al magreo, y éste a la necesidad de dejarse llevar que mi cabeza no podía gestionar hasta que estuviéramos totalmente solos. Urdimos un pequeño plan. Recogeríamos las cosas de Samo, él se escondería en una habitación, yo fingiría una despedida en la puerta con portazo incluido, y echaría a mi amigo marmota de casa.

Todo fue bien hasta que intenté despertar al bello durmiente. Si yo duermo profundo, él dormía núcleo -como el de la Tierra-...

Conseguí, todavía no sé cómo, que se levantara con la triste excusa de que ya se habían ido todos, que quería dormir, y que como estaba en mi cama no podía. Lo que no pensé (pensamos) es que al despertarse lo haría con verborrea. Entre 15-20 minutos hablando de su novia, que no había querido pasar la noche con él, que prefería irse con sus amigas de fiesta, que podría haberle puesto los cuernos, que si sería buena idea llamarla, bla, bla, bla. Yo sólo podía pensar en que se fuera para poder echar ese polvo.

ropa por el suelo

No sé qué diría para lograr que se tranquilizara su ebrio cerebro y se largara. Cerré la puerta de la calle a la vez que otra dentro se abría, y como una fuerza de la naturaleza Samo se me abalanzó.

Las prendas caían por el pasillo a medida que avanzábamos, poseídos por el calentón, hacia la habitación. Una vez en la cama nada tapaba nuestra piel, dejando vía libre para que las manos y las bocas recorrieran la anatomía ajena. Las ganas rebosaban los poros tras el magreo en el sofá y la larga espera mientras me deshacía del invitado. Había llegado el momento de dejarlas explotar.

Sin mucho juego más Samo sacó un condón, se lo colocó, se tumbó boca arriba y me hizo un gesto invitándome a montarle. Eso hice.

Tres años después ahí estaba, ensartada en la que sería mi primera llama -huuum-. Comencé a moverme con más facilidad de lo que habría esperado en ese momento. El tiempo que estuve no sé si fue poco o mucho, pero sí recuerdo que por dentro pensaba '¿esto es todo?'.

Me sugirió cambiar de postura, y torpemente en mi cama de 90 nos acoplamos en un misionero que empezó suave, siguió rápido, desencajó una pata de la cama haciéndola cojear un poco, y prosiguió bastante rápido, muy rápido. Tan rápido que no puedo por menos que, ahora recordando la escena, imaginar un polvo conejero. Y como tal, acabó; dejando caer su cuerpo sobre el mío, casi inconsciente. 'Así es como deben follar los conejos', pensé.

Las últimas energías las empleó en hacerse un hueco en la cama, cerrar los ojos y quedarse dormido. Mirando al techo, desnuda, con los ronquidos de fondo reviví la escena en mi cabeza una y otra vez -es que soy mucho de darle vueltas a las cosas, defecto de fábrica-.

Los besos, el magreo, el calentón había estado bien. El momento previo lleno de incertidumbre muy bien. El polvo... Qué decir... ¿Eso era todo? No veía a qué venía tanta historia, los gemidos se emudecieron, pensé que quizá estaba rota y no disfrutaba como otras. No me había corrido, ni de coña, aunque normal ignorando el clítoris. Pero... ¿de verdad que eso era todo?

Una fiesta, una borrachera, echar a un amigo borracho de casa, lo que me pareció un polvo conejero, la cama medio rota, ronquidos postcoitales, sensación de vacío y desilusión.

Todo eso lo recuerdo como si acabará de pasar. Con cierto resquemor por tan extraña hazaña, pero con el cariño que se le cogen a ciertos momentos después de unos cuantos años, como cuando pierdes la virginidad el día de año nuevo...

pareja misionero

El 2005 me trajo muchas experiencias desde el primer minuto, buenas, muy buenas, malas y peores, pero todas ellas forman parte de quién soy a día de hoy. Aquella mañana podría haber sido mejor, supongo que siempre puede, pero también podría haber sido peor, con alguien equivocado, en el momento erróneo. Siempre intento hacer las cosas de tal manera que, más tarde cuando lo analice -que lo haré-, no me arrepienta de haberlo hecho. 

Cuando vas a hacer algo tan importante, relevante y trascendente para tu vida debes asegurarte, todo lo posible, de que cuando lo recuerdes no te tirarás de los pelos. Las primeras veces, casi siempre, se recuerdan durante toda la vida, así que recomiendo que te plantees lo siguiente:

¿Quieres que esa persona aparezca en el recuerdo indeleble de una primera vez, la que sea? Si la respuesta es sí, adelante. Si por el contrario la respuesta es no, o dudas, es mejor esperar que cargar con el arrepentimiento toda la vida.

Entonces me pareció el momento, el lugar y la persona adecuada. Perder la virginidad el día de año nuevo de 2005 en mi cama, con Samo, nunca ha estado entre mis arrepentimientos. A pesar de lo extraño de nuestra historia todavía hoy, en las madrugadas de año nuevo, se dibuja una mueca en mis labios recordando aquella primera vez.

No en vano, el 5 es mi número favorito...

4 comentarios:

  1. fechas que no se olvidarán jamás, yo lo recuerdo cada mañana del día de mi cumpleaños desde 2002 ;-)
    besitossss
    http://elpezquesemuerdelaboca.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y menos cuando son tan señaladas como tu cumpleaños o año nuevo!!

      Besotes

      Eliminar
  2. Jajaja, una primera vez en toda regla, con su esto es todo? incluido.
    Estoy de acuerdo con lo que dices. El recuerdo es para siempre, pero nunca vi muy importante el hecho de perder la virginidad.
    Buen número y buena rima.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Tú también tuviste el momento '¿esto es todo?'? Pensaba que esa sensación no era algo tan generalizado, jajajaja.

      Supongo que la importancia dependa de cada uno. Para mí fue un gran paso, y dado que permanecería en mi memoria de por vida tenía que ser lo más idóneo posible, memorable ya iba a ser.

      Besotes

      Eliminar

Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...