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25 de marzo de 2015

'Eres demasiado especial para mí...' (Con Samo)

imagen de corazón roto

 Conocí a Samo en el instituto, a mis 14 y sus 15 años. Pronto nos llevamos bien y nos convertimos en inseparables. Por aquel entonces yo era bastante chicazo, y me llevaba mucho mejor con los chicos que con las chicas (eso no ha cambiado nada). Pasábamos las horas muertas y él y el resto de chicos del grupo del instituto me consideraban una igual -bien por mi parte masculina, la femenina daba cabezazos-.

Tengo muchos recuerdos de aquella época, cosas descolocadas, imágenes en flashback, frases que a día de hoy aún no entiendo, retazos en mi diario suspirando de (supuesto) amor; muchas partes de las que Samo era protagonista.

El problema es que no siempre he sabido diferenciar el cariño del amor, y que me considerará 'uno más' no ayudaba. Durante años soporté que quien disfrutara de su atención romántica fuera una sucesión de niñatas, soporté estar siempre que algo le salía mal, soporté estar cuando quería salir, soporté estar cuando tiraba los tejos a mis amigas, soporté.... Bueno, cosas que se supone que soportas de  tu mejor amigo, aunque ello te haga tragarte tus propios sentimientos, sonreír y poner cara de poker y actitud de colega.

diario
He de reconocer que mi adolescencia estuvo marcada por escritos negros, pesimistas y algo deprimentes, aunque con una extraña luz al final del túnel que prometía arreglarlo todo (quién me entienda que me compre...). Allá por Abril de 2002 escribía en mi diario '...lo difícil que es encontrar a alguien que llene un hueco que jamás podrá llenar...', optimista yo, ¿eh? En mi amor secreto por él escribía cosas como '...pienso cómo sería estar con él, que me besara suavemente mis labios sedientos de amor por él, disfrutar de él como lo hace su novia...' (que leo ahora y me sube el azúcar). Y esa frustración se hacía palpable en textos como '...cada vez veo más difícil el encontrar a mi alma gemela (¡ojo, 16 años!), soy totalmente transparente, para los tíos sólo soy una amiga...'. En Junio de 2003 escribí '...me dijo que yo era una especie en extinción, y que aprovechara. Sigo sin entender a qué se refería...', pues bien, han pasado casi doce años y sigo sin saberlo.

Expresarse no era lo suyo, mal hablando, peor escribiendo. Creía que hacía profundas reflexiones y no me llegaba ni a la suela del zapato divagando mientras metía paja en un examen. La autoestima nunca fue un problema para él, tenía la suya, la mía, y la de un poblado pequeño, creyéndose el rey del mambo. ¿Qué distintas se ven las cosas con perspectiva, eh? Hace más de una década suspiraba por él y ahora, bueno, digamos que conocí demasiado de él y mucho de mí. En fin, volvamos al tema que te vas por las ramas y te pierdes.

Ese verano me surgió la oportunidad de trabajar fuera, así que con 17 años recién cumplidos lié mi petate y me fui a la costa. Echaría de menos a mis amigos, echaría de menos a mi familia, echaría de menos esos calimochos en el parque, echaría de menos mi cama, pero sobretodo, le echaría de menos a él.

Fue el verano más duro que recuerdo, pero también el más intenso. De vez en cuando escribía mis deprimentes pensamientos llenos de anhelo y frustración, como lo que escribí en Julio de 2003 '...me gustaría que los chicos me encontraran sexy porque yo si me encuentro sexy. Sentir cómo me miran deseando estar a mi lado, quedarse mirándome fijamente a los ojos, comiéndome con la mirada. Ojalá pasara eso. Me gustaría ser deseada por los chicos...', a lo que a día de hoy contestaría a esa inocente yo del pasado con un 'Cuidado con lo que deseas...'.

Llamaba y escribía a mis amigos, quienes me decían que Samo me echaba de menos, que no hacía más que hablar de mí, de añadirme en cada frase con un 'si estuviera Gwen aquí...'; 'Gwen diría...'; 'con Gwen iríamos...'.

Le llamaba a él, y me desahogaba de tanta mierda que tragué esos meses, pero sólo en una ocasión dijo echarme de menos directamente.

amigos contando secretos al oídoY a veces, sólo a veces, disfrutaba de mi estancia lejos de casa. De esas veces recuerdo los paseos de fiesta con una compañera; la vez que ligamos con unos madrileños y fui tan gilipollas de hacerle la cobra al más guapo de ellos (Javi, si me lees, podríamos retomarlo donde lo dejamos) por tener a Samo en la cabeza, y creer que en cierta manera le estaría siendo infiel (WTF?) si me liaba con el madrileño mientras sonaba la tan manida canción 'Antes que ver el sol' de Coti -joder cuánto odio la jodida canción...-; la vez que Mohamed me ofreció subir a su cuarto para darme un masaje con aceites de nosedónde; la vez que salí con otros compañeros, el sexo se convirtió en el tema estrella, y mentí estrepitosamente cuando uno de ellos me preguntó directamente si era virgen... Como decía, un verano intenso...

Samo nos había invitado a Leticia (una muy buena amiga) y a mí a ir a verle a su casa de vacaciones y hacer noche allí. Leticia sabía perfectamente qué sentía yo por Samo, y me ayudó a idear un plan para que me pudiera declarar. Como siempre se me ha dado mejor expresarme por escrito pensamos que lo mejor era que le escribiera una carta, pero ¿cuándo dársela? Se la escondería en la habitación, y una vez en la estación de vuelta a casa le diría dónde buscarla. Pasé largas horas en un parque cercano a mi casa con innumerables borradores de la dichosa carta, me estaba costando más de lo que pensaba, pero le estaba escribiendo todo tal como lo pensaba.

El recibimiento fue muy cálido, y lo pasé tan bien como esperaba y necesitaba tras el torturador verano laboral. Llegó la madrugada, y ya en la habitación (dormiríamos los tres en la misma) hablamos durante horas. En aquellos años puedo haber pecado de inocente pero, como el tiempo acabaría demostrando, tarde o temprano me enteraba de todo. Aunque a día de hoy una incredulidad innata me hace de velo protector no quita que sea consciente de todo lo que pasa, otra cosa es que reaccione. En aquella ocasión era un algo raro, un pálpito, pero no tenía motivos para sospechar. A la mañana siguiente escondí la carta, marchamos a la estación y envié el sms dando instrucciones.

Pasaron los días y Samo volvió a casa. Quedamos para hablar y ahí fue cuando la primera bomba cayó. Un 'eres demasiado especial para mí' retumbó en mi cabeza durante días. ¿Qué coño significaba eso? ¿Acaso tenía que odiarme para empezar algo juntos? No entendía nada. Sí, estaba claro que no le interesaba algo romántico, pero algo había cambiado en nuestra relación, y no era sólo por la carta, había algo más que nadie me contaba...

Y joder si lo había... Un amigo, que con el tiempo se acabó convirtiendo en mi nuevo mejor amigo desbancando a Samo, se acabó sincerando conmigo. Había prometido no contar nada, pero según me dijo no le parecía nada bien lo que estaba pasando y creía que yo me merecía la verdad y su 'fidelidad amistosa' absoluta desde entonces. Mi cara cambiaba de expresión por momentos durante su relato de la historia, la segunda y devastadora bomba estaba cayendo arrasando con todo.

tres son multitud

Por lo visto, mi queridísima amiga Leticia, mientras yo le confesaba lo que sentía por Samo, ella le confesaba lo mismo a Martín. Mientras me ayudaba a urdir un plan para mi declaración, ella esperaba lo mismo de Martín. Mientras yo estaba hablando con mis amigos en aquella habitación a oscuras, mi mejor amigo, y mi queridísima amiga se daban el lote (de ahí me venía el pálpito). Mientras yo esperaba respuesta de aquella reveladora carta, ellos se escribían sms ñoños. Mientras yo no entendía porqué había cambiado mi relación con Samo y cómo era que apenas le veía, mientras yo pensaba qué coño era aquello de 'demasiado especial', ellos se lo montaban por los rincones. Y ese, el preciso momento en el que llené los huecos de la historia, fue el momento en el que mi mejor amigo dejó de ser tal, mi queridísima amiga pasó a mi lista negra, y la confianza hacia mi propio género rozó mínimos históricos.

vomitando mariposas
No te lo voy a negar, pasé una mala época, y mi diario lo sufrió con textos como '...No encuentro la manera de deshacerme de esa soledad que me embarga el alma (...) Necesito sentir que un chico me quiere como algo más que una amiga. Necesito oír que me quieren, que me miman, escuchar cosas bonitas al oído, recibir un abrazo conciliador, de esos que te llegan al corazón, esos que parece que te protegen del entorno en el que estás, que te rodean y te hacen sentir especial. Necesito recibir besos que te hacen saber que te quieren, caricias destinadas a provocar gratas sensaciones, palabras que me llenen el corazón y me hagan flotar entre la multitud. Necesito cosas que sólo un chico me puede dar, entregar, regalar, dedicar, provocar...' ¿Alegre el texto eh? Premio Melancolía Noviembre 2003. Azúcar, azúcar, azúcar, rozando mi propia cumbre ñoña, romántica y deprimente.

Con el tiempo las cosas se acaban superando de alguna manera, pero lo cierto es que tenía esa espinita clavada. Puede que realmente nunca sintiera ese amor que creí sentir, puede que sólo fuera cariño. Puede que sólo fuera una representación de lo apreciada que me sentía de pronto, del caso que parecía hacerme en especial, de mi propia necesidad de una historia de amor. Puede que no sintiera todo eso realmente, que sólo fuera un capricho.

Nunca he tenido paciencia y la constancia tampoco me abunda, aunque quizá a modo de cualidad extraña, en lo que a hombres se refiere, he acabado consiguiendo los que me he propuesto de una u otra forma. Llámame caprichosa...

Fueron años de sequía, desde aquello con Tilo no había tenido contacto íntimo con nadie, y pasé muchos momentos de perra en celo sin pata a la que arrimarse. Un desencadenante inesperado iba a poner en funcionamiento las relaciones post-adolescentes, todo iba a cambiar muy pronto, Gwen se hacía mujer.


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Como nota curiosa, en aquel diario escribí en Septiembre de 2003, '...Estoy pensando en escribir un libro, contando mi vida, cosas que me pasan, ideas que tengo, sentimientos que me surgen, momentos especiales...' Y aquí estoy, casi doce años después contándote mi vida. Sí, vale, es un blog y no un libro, pero todo se andará...

4 comentarios:

  1. Yo la tengo mucho más lejos que tú, pero leyéndote he recordado un pedazito de adolescencia. ¿Maldita? nostalgia.

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    1. Una dosis justa de nostalgia nunca es mala :)

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  2. Yo siempre he dicho que me tendria que haber tirado a todas mis "amigas" de aquella época, porque al menos ahora tendría algún recuerdo de ellas.
    En fin, años ñoños.

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    1. Jajajajaja, hay otras formas de recordar a la gente, eh? Pero está claro que esa es muy satisfactoria, o al menos se espera que así sea ;)

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...