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16 de diciembre de 2014

'Me gusta tu voz...' (Con Tilo)

conversación telefónica

Todo empezó de la manera más inocente. Si me hubieran dicho ese día que aquello desencadenaría todo, que cambiaría mi vida y sentaría bases ante mis relaciones con el sexo opuesto para siempre, lo más probable es que me hubiera mostrado escéptica.

Yo tenía 14 años, había estado de fiesta con unos amigos y subía en el bus nocturno escuchando música, cansada y con ganas de llegar a casa. Fue entonces cuando, entre la multitud del autobús, vi a un amigo que vivía en mi mismo bloque y me acerqué a saludarle y así aprovechar e ir acompañada hasta casa. 

Cuando ya estaba junto a él pude ver que si bien había mucha gente cargada de alcohol, él llevaba encima lo suyo y lo mío. Me reconoció de milagro, no se tenía en pie, apenas podía hablar y su cara reflejaba ese momento previo a vaciar el estómago por la boca. Encantador. Hice que se bajara conmigo en la siguiente parada -para evitar accidentes-, aunque todavía estábamos al otro lado del barrio, y conseguí arrastrarle hasta su portal; cosa no muy fácil cuando te enfrentas a un chico de 18 años, con un cuerpo de metro noventa y rebosante de alcohol e inestabilidad.

Una vez llegamos se dejó caer sobre el banzo del portal, casi inconsciente. Mientras intentaba encontrar sus llaves para abrir el portal y que, al menos, no durmiera a la intemperie, empezó a sonarle el móvil. Con la voz de ultratumba que salió por su ebria boca me pidió que lo cogiera, así que eso hice. Al descolgar una voz masculina, extrañada por oír una voz que no conocía en el teléfono de su amigo, quiso saber quién era yo, y si estaba liada con su amigo. Le expliqué el panorama y le dije que si conseguía espabilarle se le pasaba al teléfono, ante lo cual me freno con un rotundo 'no, deja que duerma y habla conmigo'.

Desconozco por qué llamó a su amigo en ese momento, y no recuerdo apenas lo que hablamos. Me hizo algunas preguntas que fui contestando, preguntas sin importancia, como de qué conocía a nuestro desvanecido amigo, si solía quedar con él, por qué sitios me movía, etc., pero no recuerdo que me preguntara la edad, quizá suponiendo que sería de la quinta de mi vecino, aunque tampoco recuerdo haber preguntado la suya. Lo que sí recuerdo es que tenía algo en la voz, en la forma de hablarme, que me llamaba la atención. Me resultaba intensa, me producía curiosidad pero también una ligera sensación de miedo, no sé describírtelo, pero era cautivador de alguna manera.

pin up hablando por teléfono

Lo cierto es que, hacía ya casi dos horas, yo me iba a casa, pero ahí estaba, sentada en un portal, con un amigo borracho desparramado por los suelos y hablando por teléfono con un desconocido. La charla transcurrió normal, dentro de lo extraño de la situación, hasta que me dijo 'Me gusta tu voz, quiero conocerte...'. Sería mentira decir que me puse colorada, porque lo que me puse fue rojo carmesí intenso. A partir de ese momento metía tanta ficha que le hubieran acabado echando de los coches de choque por abusar. 

Recuerda que yo tenía 14 años recién cumplidos, y pese a no tener hora para volver a casa, y por circunstancias, haber tenido que madurar años en un solo mes, era una cría al menos en esos aspectos. Dulce e inocente, que siempre esquivaba situaciones como en la que estaba ahora metida hasta las orejas. Me puse nerviosa, no sabía cómo salir de aquello, qué decirle, qué hacer. Apenas sabía nada de él, poco más aparte de que le gustaba mi voz, y cual era su nombre... Tilo.

Negar que me intrigaba todo aquello, que me comía la curiosidad por verle cara a cara, sería bobada. Me preguntaba cómo sería, cómo se oiría su voz cuando nuestras miradas pudieran cruzarse, cómo sería conocerle, si pasaría algo.... Pensé mil y una sensaciones y circunstancias, alternativos finales a un posible futuro encuentro, pero ni en cien años habría acertado.

Tras un buen rato con Tilo insistiendo en conocerme, y yo poniendo excusas para colgar, mi amigo despertó y pude huir de la conversación, y por extensión de allí. Pero, todo había cambiado, en esas horas algo empezó a gestarse. Se me pasó por la cabeza que aquello había acabado junto con la llamada, que no volveríamos a coincidir, que la conversación sería algo anecdótico por ambas partes, que se olvidaría de mí.

Qué equivocada estaba...

Esa noche fue sólo el principio, no lo sabía, pero todo había empezado a cambiar para bien o para mal, irremediablemente, los chicos se interesaban en mí para algo más que una amistad -¡y sólo con mi voz!-. ¡Los chicos querían intimar conmigo! Y eso me gustaba y me asustaba a partes iguales.

Pero no sería hasta semanas después cuando, por fin, nuestros ojos pudieron poner cara a esa voz de madrugada.


Continuará...

4 comentarios:

  1. Tiene trazas de ser verídico este relato. Y despierta mi curisidad... ¿Qué había pasado en un mes para tan rápida maduración? ¿Por qué los chicos no se interesaban antes por ti? Y, en fin, ¿cómo continuará el relato?

    Ocilobrepih

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    1. Si es verídico o no lo dejo a tu juicio, jajaja, pero está genial que despierte tu curiosidad.

      Lo que pasó fue una gran pérdida, pero prefiero dejarlo ahí, no es tema para el blog. Desconozco porqué no se interesaban en mí, quizás mi forma de ser tan 'colega', quizá no me enteraba cuando pasaba... La continuación del relato, pronto la sabrás. ;)

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  2. Es que hay voces que impactan. Clint Eastwood no habría sido el mismo sin la voz de Constantino Romero...
    Besos.

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    1. Ya no sé si fue la voz, la circunstancia de la llamada, lo que me diría, o la conjunción de todo, pero está claro que algo tenía.

      Besotes.

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Yo ya he hablado, ahora te toca a ti...